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Al contrataque

Tomasa y su familia esperan ahora que el Congreso y el Senado controlen los impulsos de Trump contra los inmigrantes. Que sean las instituciones quienes protejan a la gente

«Lloraba y pensaba en mis niños. A mi hija Jessica le faltan tres meses para graduarse en la universidad. Y tengo miedo de que no la dejen terminar a pesar del esfuerzo que está haciendo durante estos años para sacar adelante dos carreras». Tomasa vivió junto a sus cinco hijos la noche electoral de Estados Unidos del martes 8 de noviembre. Se reunieron todos en el salón de su casa en Margate, Florida. Todos frente al televisor para ver si ganaba Hillary Clinton o Donald Trump. Mantuvieron la esperanza hasta medianoche. Pero los datos confirmaron sus peores pesadillas.

Sólo uno de los hijos de Tomasa, Walter, tiene derecho de voto porque nació en suelo norteaméricano. Los otros cuatro son inmigrantes indocumentados porque nacieron en México aunque llevan en Estados Unidos más de veinte años. Estudian, trabajan, pagan impuestos, contribuyen a la riqueza del país y también tienen obligaciones. Pero no tienen reconocidos los principales derechos.

Al otro lado del teléfono, Tomasa me dice que cuando se supo que Florida era para Trump fue como un jarro de agua fría para ella y con el resultado final sus hijos tuvieron que consolarla. Con su dulce tono enumera de forma pausada el torrente de sentimientos de aquella noche: «tristeza, desilusión, coraje y frustración». Sin embargo, me cuenta que al día siguiente dejó atrás todo aquello. Tuvo que hacerlo. «Es difícil. Va a ser más difícil que antes. Pero no nos vamos a quedar cruzadas de brazos o llorando en casa. Tenemos que seguir luchando por los derechos de nuestros hijos». Y se dirige al presidente electo Donald Trump: «No somos delincuentes. No nos vamos a esconder. Ser inmigrante no significa haber hecho algo malo. Vinimos a este país para ganarnos la vida honradamente y eso estamos haciendo».

LOS 'DREAMERS'

Le pregunto si echará de menos a Barak Obama, que como estos días recordaba Univisión, ha deportado durante sus años en la Casa Blanca a casi tres millones de personas. Tomasa reconoce que esto ha ocurrido. Pero también dice que es justo recordar que fue Obama quien regularizó la situación de los 'dreamers', soñadores en español. Legalizó la situación de miles de jóvenes que, como sus hijos, llegaron a Estados Unidos cuando eran muy pequeños y han hecho allí toda su vida.

Tomasa y su familia esperan ahora que el Congreso y el Senado controlen los impulsos de Trump. Que sean las instituciones quienes protejan a la gente. Que el miedo que tienen ahora no sea mayor desde el próximo 20 de enero, el día que Donald Trump se convertirá en el presidente número 45 en la historia de los Estados Unidos. Y también tendrá que ser el presidente de Tomasa y sus hijos mientras vivan allí.

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