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Editorial

Más sospechas sobre los testigos de Jehová

Los responsables de organización religiosa deben ser los primeros interesados en salir al paso de las graves denuncias de antiguos miembros

A finales de septiembre, este diario daba cuenta de la denuncia  presentada por un exmiembro de los testigos de Jehová donde explicaba el acoso que padeció tras abandonar la organización religiosa. Revelaba asimismo los abusos sexuales sufridos en su adolescencia por parte de un miembro de la entidad y cómo  sus correligionarios le conminaron a callar para «no traer oprobio a la comunidad». Menos de tres meses después salen a la luz nuevas denuncias de repugnantes agresiones sexuales a menores que junto a sus familias pertenecieron a la organización y que, como en el caso de una niña de 8 años violada, fueron amenazados con quedarse «sin paraíso» si contaban lo que había ocurrido.

Lógicamente habrá de ser ahora la justicia quien determine la naturaleza de los hechos denunciados y las posibles responsabilidades penales de lo que ahora es un atestado policial. Sin embargo, la acumulación de este tipo de testimonios levantan inevitables sospechas que solo se disiparán con un ejercicio de transparencia por parte de los responsables de la entidad religiosa. Han de ser ellos los primeros interesados en dar respuestas a las graves acusaciones de estos antiguos miembros de su comunidad que, en el peor de los casos, les igualaría a los más oscuros grupos sectarios. Con más de 100.000 fieles en España -de los 8,5 millones en todo el mundo-, los testigos de Jehová no pueden permitir dudas razonables sobre sus actividades. Y el resto de la sociedad tampoco.

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