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Dos miradas

El tuétano del capitalismo consiste en producir por encima de las necesidades para que se compre más allá de las posibilidades

Las cifras que nos llegan de las ventas de este invento que se conoce como el Día del Soltero (el 11 del mes 11: el número uno es el más básico, el primero de los primos, la esencia de la soledad) son escalofriantes. Pasa en China, sí, pero es un ejemplo de cómo se conforma la sociedad actual y quizá el símbolo más lacerante de eso que conocemos como consumo. El tuétano del sistema capitalista consiste en producir por encima de las necesidades para que se compre más allá de las posibilidades, en el terreno de los deseos.

Todas las teorías que equilibran oferta y demanda, toda la historia de los cañones y la mantequilla que formuló Samuelson, la existencia de recursos escasos y los costes de oportunidad, todo se va a pique cuando el capitalismo más obsceno se apodera del escenario y convierte la venta, 'per se', en un absoluto cartesiano. A los que definía Descartes -alma, mundo y Dios- se añade la venta, que es un concepto que no necesita sino de sí mismo para existir.

Alibaba, homenaje o premonición (o ambas cosas), la compañía gigante que contabiliza las transacciones en un marcador, como el de la Marató de TV-3, eleva la venta a la categoría de vivencia irrenunciable. Más aún: compro, luego existo. En uno de los reportajes realizados sobre el Día del Soltero, un joven chino decía que había comprado un producto que sabía que no iba a utilizar nunca. «Es igual, ya sé que no lo utilizaré, pero es igual, he comprado».

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