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Análisis

Un hombre pasa por delante de la sala Bataclan, donde esta noche actuará Sting.

AP / KAMIL ZIHNIOGLU

Sting frente al populismo

José A. Sorolla

El progre, ecologista y místico Sting es una buena opción para reabrir la sala Bataclan de París, tras el atentado de hace un año, contra la ola de populismo que invade Occidente

Las entradas para asistir al concierto con el que el cantante británico Sting reabrie la sala Bataclan se agotaron en una hora. Un dato que expresa dos sentimientos: el recuerdo siempre presente de los terribles atentados de hace un año y la voluntad de los franceses de no ceder ante los terroristas. Para reabrir la sala donde murieron 90 personas, la mayoría jóvenes que 'Libération' bautizó como 'Generación Bataclan', la elección de Sting ha sido una buena opción. El excantante de Police siempre ha sido lo que llamamos un progre, ecologista y místico. En una entrevista esta semana en 'Papel'la revista de 'El Mundo'Sting califica el 'brexit' de «gravísimo error» y las elecciones norteamericanas de «gran farsa», muestra su solidaridad con los refugiados que intentan llegar a Italia o Grecia, su preocupación por el cambio climático y su defensa de los indígenas del Amazonas.

BATALLA POLÍTICA EN FRANCIA

Pero no todo lo ocurrido este año es un canto a la esperanza. El 13 de noviembre del 2015, Francia descubrió, con 130 cadáveres, la mayor matanza tras la segunda guerra mundial, que el terrorismo era algo indiscriminado, que podía afectar a cualquiera. Y ocho meses después, el 14 de julio del 2016, los 86 muertos atropellados por el camión asesino de Niza confirmaban esa evidencia y quebraban por primera vez la sacrosanta unión nacional, al desatarse una batalla política entre los partidos sin respetar siquiera los tradicionales tres días de duelo.

El endurecimiento legal, iniciado ya antes de los atentados de noviembre, con la aprobación de la ley sobre los servicios secretos en julio del 2015, prosiguió con la declaración y posterior prórroga del estado de emergencia, en el que se permiten registros sin orden judicial, arrestos domiciliarios y restricciones a la libre circulación de vehículos y personas. Las fuerzas del orden han aumentado sus poderes y su número, y algunas libertades han sufrido en nombre de la primacía de la seguridad y de la «declaración de guerra» al terrorismo proclamada por el presidente François Hollande tras los atentados.

UN CLIMA ENRARECIDO

Mientras el Estado intenta inventar un islam de Francia encabezado por un jacobino soberanista como Jean-Pierre Chevènement, un estudio del Instituto Montaigne sobre los musulmanes franceses publicado hace dos meses indica que casi la mitad de los jóvenes de entre 15 y 25 años son partidarios de la sharia (ley islámica) y desafectos a la república. Al otro lado, el Frente Nacional no deja de crecer, incluso entre los jóvenes, así como la islamofobia, ya sea en el debate sobre la retirada de la nacionalidad a los acusados de terrorismo, en la prohibición del burkini o en el veto al velo en la universidad. Algunos candidatos a presidir la república llegan a proponer un Guantánamo a la francesa.

En este clima enrarecido y con el avance del populismo en el Reino Unido, Holanda, Alemania, Austria o Hungría, solo faltaba la victoria de Donald Trump en EEUU. Dentro de una semana, sabremos si el 'efecto Trump' se contagia en Francia y si el hasta ahora candidato favorito en las primarias de la derecha, el moderado Alain Juppé, pierde terreno anegado por la ola populista.

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