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Jóvenes con botellas de cerveza buscan un rincón en el que darse al botellón antes de ir al Port Olímpic. 

RICARD CUGAT

Botellón

Emma Riverola

Por curiosidad, por mimetismo con jóvenes más mayores, para desinhibirse... son muchos los impulsos que llevan a los adolescentes al botellón

La muerte de una niña de 12 años por coma etílico en un botellón ha reabierto el debate. Los padres han reconocido que no era la primera vez que la traían ebria a casa, pero que les resultaba muy difícil controlarla. El jefe de la policía local de la población ha renunciado al cargo, asegura que intentó implantar un plan antibotellón sin éxito. Los amigos de la niña no supieron percibir su gravedad. Un cúmulo de impotencias se diluyeron con una dosis de alcohol intolerable y se convirtieron en tragedia.

Por curiosidad, por mimetismo con jóvenes más mayores, para desinhibirse… son muchos los impulsos que llevan a los adolescentes al botellón. A ellos se suma la dificultad de las instituciones para ofrecer actividades de ocio que sepan captar su atención. La adolescencia es una tierra fronteriza en la que no todos son bienvenidos. Su particular condición de consumistas sin recursos y de relacionarse con la realidad a través de las pantallas, quizá les distancia aún más del mundo adulto, de sus normas y de las campañas de concienciación. Las causas del botellón son múltiples. El problema es especialmente lacerante en los adolescentes. Pero en la reflexión de sus posibles soluciones, también debería reconsiderarse el mundo del ocio nocturno. Los precios prohibitivos para la mayoría de los jóvenes (recordemos los índices de paro) fomentan el botellón al inicio de la noche. Su conducta se convierte en un peligroso camino a seguir.

Temas: Botellón