Dos miradas

Aperitivo

Lo de Berga volverá a suceder. Una estrategia que ha llegado tan lejos no tiene otra salida que la confrontación

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La alcaldesa de Berga, Montse Venturós, a su salida de los juzgados junto a su abogado, el exdiputado de la CUP Benet Salellas, en noviembre del 2016.

La alcaldesa de Berga, Montse Venturós, a su salida de los juzgados junto a su abogado, el exdiputado de la CUP Benet Salellas, en noviembre del 2016. / AFP / PAU BARRENA

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Volverá a ocurrir. Será la Audiencia Nacional o un juzgado de instrucción o cualquier otro tribunal. A estas alturas, hay más de 200 procedimientos abiertos contra cargos municipales, ya sea por colgar una bandera, optar por la desobediencia en un pleno municipal o abrir el ayuntamiento el 12 de octubre. Y será en Vic, en Badalona o en Celrà. La detención de Montserrat Venturós, la alcaldesa de Berga, no es sino un aperitivo, el primero, de lo que puede llegar a suceder en este país.

No es un asunto sencillo ni anecdótico, porque incide en el tuétano de la cuestión que nos ocupa y porque podemos asistir a un goteo de intervenciones de los Mossos que tensará las relaciones entre Junts pel Sí y la CUP. El mismo sindicato independentista de la policía dijo que no se podía cargar la responsabilidad sobre un miembro del cuerpo sino que tenía que haber, en todo caso, una decisión política. Y, si existiera, es evidente que provocaría un desbarajuste de dimensiones colosales. Tarde o temprano, y sin ninguna posibilidad de que haya un acuerdo estatal sobre el referéndum, el Govern o el Parlament tendrán que afrontar la necesidad de un acto radical de insumisión y desacato. Somos conscientes (o deberíamos serlo) de que una estrategia que ha llegado tan lejos no tiene otra salida que la confrontación. Es un camino que solo puede llevar a un punto de no retorno. ¿Cuándo llegará? ¿Cuando Carme Forcadell sea inhabilitada? Y entonces, ¿qué?