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Los Mossos custodian la entrada de los juzgados de Berga, mientras decenas de personas protestan por la detención de la alcaldesa, Montserrat Venturós.

Los Mossos custodian la entrada de los juzgados de Berga, mientras decenas de personas protestan por la detención de la alcaldesa, Montserrat Venturós. / ACN / MAR MARTÍ

El quietismo ante las aspiraciones de una parte sustancial de la población catalana consiguió este viernes en Berga una pequeña victoria. La imagen de los Mossos deteniendo a una alcaldesa de la CUP por colgar la bandera estelada en el balcón del ayuntamiento era un fruta deseada desde hace meses por el unionismo inteligente. Sabían que activar esa espoleta -fruto de abandonar la suerte de la unidad de España únicamente a la labor judicial- iba a sembrar la división en el frágil bloque parlamentario que sustenta el programa de desconexión con el que se invistió a Puigdemont. Los proyectos políticos fracasan cuando se piensan en función de la acción del adversario en lugar de valorar las propias fuerzas. Les pasó a los independentistas el 9-N cuando anhelaban a la pareja de la Guardia Civil retirando las urnas que no llegó nunca.

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Al margen de las estratagemas, el independentismo tiene en este episodio una ocasión inmejorable de evaluar sus propias fuerzas para impulsar la desconexión en el 2017. Poner en foco en los Mossos les debilitaría enormemente. Esa es la tentación de la CUP que siente la pulsión de cargar contra el dedo en lugar de cuestionar la luna. Si del episodio de Berga se deriva una escalada de tensión con los partidos de Junts pel Sí, los objetivos de quienes esperaban esa imagen se habrán cumplido con creces. Si esa tensión alcanza a los presupuestos, es evidente que la legislatura catalana salta por los aires antes de fin de año. Y eso abriría un escenario de debilitamiento y división que daría la victoria a los puntos en el combate al hieratismo de Rajoy

La alternativa que baraja el independentismo es otra, siguiendo los consejos del viejo maestro de la película 'Karate kid' de aprovechar la fuerza del adversario en beneficio propio. Los actos como el de este viernes llevan a menudo a sumar tácticamente el mundo de los comunes a la estrategia independentista. En ese contexto, la defensa pacífica de la insumisión gana mucho espacio político en la Catalunya de hoy. Lo que se busca en este caso es sacar a los Mossos del foco para ponerlo en la gente, veremos con que resultado final.