El impacto exterior de las elecciones de EEUU

China, ante el 8 de noviembre

Las tensiones estratégicas evolucionarán de una u otra forma según gane Clinton o Trump

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Obama y Hu Jintao, en noviembre del 2009 en Pekín. 

Obama y Hu Jintao, en noviembre del 2009 en Pekín.  / DIEGO AZUBEL

Las elecciones estadounidenses son observadas en China con una comedida indiferencia. ¿Les da igual quien gane? La importancia de la relación entre los dos países es insoslayable, y aunque los vínculos bilaterales ofrecen un colchón nada despreciable para moderar los hipotéticos sobresaltos de cualquier transición, cabe matizar la evolución de las tensiones estratégicas a resultas de una victoria demócrata o republicana.

Tradicionalmente, China acentúa dos factores. De una parte, la denuncia del poder del dinero en la contienda para relativizar su valor como paradigma de la democracia; de otra, la queja de que las carreras electorales en EEUU se asemejan una competición para ver quién critica más al gigante asiático.

CLINTON, CONTRARIA A LOS INTERESES DE PEKÍN

Donald Trump, por ejemplo, viene centrando sus alusiones a China en la economía, denunciando temas como la propiedad intelectual o la manipulación de la moneda. En Pekín se resalta su carácter impredecible pero se considera que, hasta cierto punto, puede ser manejable.

El discurso de Hillary Clinton va mucho más allá de la economía. Las severas críticas en torno a los derechos humanos o reclamando libertad en la red, así como su papel en la definición de la estrategia pivot to Asia, a la que Pekín responsabiliza de dañar los lazos con los estados vecinos, la cualifican como abiertamente contraria a sus intereses. En algún momento sugirió incluso el apoyo de EEUU a una hipotética "revolución de color" en China, provocando la consiguiente hilaridad. Y ella fue quien reivindicó con rotundidad ante Pekín la condición "vital" del mar de China meridional para los intereses nacionales de EEUU.

Gane quien gane,  es urgente el reto de trazar una relación de nuevo tipo entre grandes potencias

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La crítica de Trump poco ha destacado en el orden estratégico. Bien es verdad que provocó algún desconcierto su comentario de que Japón y Corea del Sur deben pagar por su defensa, insinuando que podría llegar a cerrar las bases de EEUU. Esto generó preocupación en la región ante el temor de que suponga, entre otros, una invitación a China para atacar a Taiwán, un escenario remoto aunque las tensiones a través del Estrecho experimentan una tendencia ascendente que puede conducir a un callejón sin salida. Además, Trump reclama mayor presupuesto para garantizar la presencia militar allí donde se necesite. Su retórica general es implacable siempre con la política exterior de Obama.

¿PREFERENCIA POR TRUMP?

El resultado del 8 de noviembre, a Pekín no le es indiferente. El temor a que una presidencia de Clinton agrave las tensiones bilaterales, e incluso conduzca a un mayor enfrentamiento en áreas de conflicto como los mares de China, puede inclinar la balanza de las preferencias hacia Trump. No está claro que esa ecuación opere de igual manera entre la opinión pública china. Pero gane quien gane, el reto de trazar una relación de nuevo tipo entre grandes potencias --de la que poco se ha hablado en la campaña-- que evite la Trampa de Tucídides se antoja urgente para ambos países.