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Intervención polémica

Rufián, sin taras

Andreu Pujol Mas

Si el antiguo catalanismo ha ido dejando paso al independentismo es porque cada vez Catalunya se parece más al diputado de ERC

Imaginemos que un pintor recibe el encargo de hacer un retrato de un deformado monarca déspota o de un contrahecho dictador. Figurémonos que, ante la obra cuidadosa del artista, el tirano se sintiera insultado al ver su rostro poco agraciado y reaccionase con ira, exigiendo represalias. Esto es lo que ha pasado con el discurso de Gabriel Rufián del pasado sábado, que ha suscitado un grito unánime del 'establishment' del Estado. Es más cómodo increpar al pintor que aceptar la propia fealdad.

Poco después han salido, desde los últimos coletazos de aquello que se llamaba catalanismo, algunos relatos lloriqueantes --aunque pocos y débiles-- que reprochan a Rufián una supuesta mala educación y falta de decoro. Pero es que el catalanismo de las últimas décadas, desgraciadamente, tenía dos grandes taras que cortaban las alas a cualquier afán de claridad. Es por eso que a menudo se circulaba por una sinuosa carretera de curvas en vez de trazar una línea recta hacia un objetivo claro.

LA MEMORIA DEL FRANQUISMO 

La primera gran mácula era la memoria, todavía demasiado fresca, de una represión encarnizada y de la derrota que supuso el franquismo, que lo arrasó todo. La otra es el discurso malintencionado del etnicismo sutil y refinado, aprovechando el hecho de que buena parte de los trabajadores de Catalunya tenían orígenes fuera de sus fronteras, que decía que toda reivindicación en clave catalanista era hecha a favor de la burguesía. Se buscaba así esparcir remordimientos de conciencia sin ningún tipo de fundamento, que en algunos casos cuajaron.

Rufián está vacunado contra una cosa y la otra. Por cronología, nacido siete años después de la muerte dictador, no entiende la democracia como una travesura que puede generar represalias. Por origen, nadie lo puede hacer pasar por un burgués que se pasa el día contando billetes y ordenando lingotes de oro vestido con frac y sombrero de copa. Y si el antiguo catalanismo ha ido dejando paso al independentismo es porque cada vez Catalunya se parece más a Gabriel Rufián.

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