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Editorial

Vacaciones escolares cada dos meses

El calendario que ensaya Cantabria reabre el debate para racionalizar las fiestas y los horarios de los alumnos

Cantabria se ha convertido en el escenario de una prueba piloto que sigue con atención la comunidad educativa del resto de España: esta semana, sus 96.000 estudiantes de Primaria y Secundaria están de vacaciones de otoño. Este curso se divide en Cantabria en cinco bimestres al final de los cuales hay una semana de vacaciones (dos en Navidad y Semana Santa). Se trata de un intento de organizar el calendario escolar de una forma que sus partidarios consideran más racional, no basada en festividades religiosas ni en el calendario laboral de los adultos sino en las necesidades pedagógicas de los alumnos. No es una simple cuestión de qué días son lectivos y cuáles son festivos, sino que el experimento lleva asociada la puesta en práctica de nuevas fórmulas pedagógicas, de evaluación y de organización de las clases.

EL PRECEDENTE CATALÁN

En Catalunya, la experiencia cántabra recuerda al frustrado intento de semana blanca que impulsó el Govern tripartito en el 2011. Ante las críticas de la oposición, la asociación de padres y madres y los sindicatos de profesores, la semana blanca solo se celebró una vez. Una causa de su fracaso fue que, a diferencia de lo que ha hecho Cantabria, las administraciones no se coordinaron para ofrecer alternativas a las familias para llevar a los menores, desde abrir las escuelas para la celebración de casals hasta preparar actividades en museos o centros cívicos.

UN DEBATE MÁS ALLÁ DE LAS AULAS 

Habrá que estar muy atentos a cómo se desarrolla este curso en Cantabria. Muchos expertos coinciden en las ventajas pedagógicas del modelo bimestral. Pero para aplicarlo es necesario no caer en los errores de la semana blanca catalana, ya que no es una opción válida dar descanso de la escuela a los menores para que acaben en casa con los abuelos porque no hay oferta para ellos y sus padres trabajan. La racionalización del calendario escolar, con las largas vacaciones de verano, es una asignatura pendiente. Y sin duda los argumentos pedagógicos deben tener un gran peso en el debate. Pero no hay que eludir el hecho de que el calendario (y también el horario, conviene no olvidarlo) de la escuela debe ser complementario con el de los padres y con las jornadas laborables de los docentes. El debate, por tanto, es mucho más amplio que el pedagógico y escapa de las paredes de las aulas. En este asunto, los deberes están por hacer.

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