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La ausencia de una mayoría alternativa, la fragilidad del PSOE y un Podemos atrabiliario procuran a Rajoy un escenario exigente, pero transitable

Las convulsiones en el PSOE, la fragmentación de la izquierda y el pinchazo electoral de Ciudadanos le han procurado a Mariano Rajoy un escenario parlamentario exigente, pero aun así transitable. Esta sesión de investidura, un puro trámite hasta que el PSOE consume el sábado su dolorosa inmolación, ha esbozado las reglas de juego de un partido que todos los jugadores disputan más o menos lesionados, pero con ventaja para el capitán: pitará el final cuando más convenga a sus intereses.

Rajoy se ha presentado en el Congreso con una pátina de humildad más discursiva que de fondo. Está dispuesto a dialogar --a la fuerza ahorcan--, pero sin aceptar humillaciones ni abjurar de su propio legado. Consciente de que no hay una mayoría congruente capaz de torcer su voluntad, el presidente alerta de que el PP no puede suscribir "contratos de adhesión", que es lo que de facto ofrece a los demás. Cuenta para ello con una plataforma de 170 diputados --los que suma con C's y Coalición Canaria-- y una opción de compra sobre los cinco del PNV y el de Nueva Canaria. Suficientes. Pero su principal baza será la de encabezar un Gobierno sin apenas oposición.

A un PSOE contrito y dividido le costará superar el sonrojo tras haber obrado, en aras de la "responsabilidad", en sentido opuesto a lo prometido en las urnas. Tendrán los socialistas que lidiar con la competencia de un Podemos desacomplejado y atrabiliario que, según el guion trazado en la tribuna por Pablo Iglesias, repartirá estopa por igual contra todos los firmantes de la "triple alianza". Habrá que estar atentos a las virtudes simbióticas de la confrontación parlamentaria entre Rajoy e Iglesias, que a ambos engrandece ante sus respectivos caladeros de votos. 

EL ESPANTAJO ELECTORAL

Albert Rivera tratará de sacar lustre a sus 32 diputados, pero su flaqueza es la misma que la del PSOE: el espantajo de una convocatoria electoral, que Rajoy agita en vísperas de Halloween en plan 'truco o trato', ejercerá un fuerte poder disuasorio sobre C's. Y el independentismo catalán, con hojas de ruta divergentes en Madrid, seguirá en la reserva a la espera del desenlace del 'procés'.

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