LA SOCIEDAD TECNOLÓGICA

Bienvenido al futuro inteligente

A falta de solución política y social al cambio tecnológico y laboral la baza es el discurso colaborativo

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Cadena de robots en una fábrica alemana de Audi.

Cadena de robots en una fábrica alemana de Audi. / REUTERS / MICHAELA REHLE

Esta semana se celebra en Barcelona la segunda edición del IOT Solutions, congreso internacional sobre el internet de las cosas. El evento no es menor, sino que está a la altura de una cumbre del G8 o de cualquier encuentro a puerta cerrada que pueda imaginar la mente más paranoica de entre los amantes de conspiraciones. Son sus integrantes quienes tienen en sus manos el futuro que está a la vuelta de la esquina, que lo reducen a un simple augurio: en unos años, no muchos, todos los objetos que nos rodeen estarán conectados a internet. Gozarán así del apreciado apelativo 'inteligente', capacidad que hoy ya nos han hurtado nuestros móviles.

A grandes rasgos, el augurio se puede simplificar en tres momentos. En el primero, mi nevera, ropa, coche, lámpara y jardín recopilarán datos acerca de su propio comportamiento automático y de mi relación con ellos. Hablarán entre sí, enviándose constantemente toda clase de datos. Gracias a ello, dispondré de más tiempo, que se lo ganaré a las tareas cotidianas que no deseo, para destinarlo al Facebook o al 'Candy Crush'. Como recompensa por los servicios prestados, los fabricantes gozarán de un trato directo conmigo y sabrán acerca de mis deseos, que podrán satisfacer de inmediato y sin necesidad de intermediarios. 

En unos años,  los objetos que nos rodean serán capaces incluso de repararse a sí mismos

Llegado un segundo momento, los procesos industriales gozarán también de esta inteligencia. Los objetos fabricados aprenderán de las virtudes y fallos de sus primos hermanos interconectados. Moldearán por sí solos su propia evolución. Asumirán así el rol de diseñadores industriales, que pasarán a ser inútiles como ya lo habrán sido los operarios. A la larga, igual que hoy puedo editar vídeos con mi iPhone de forma sencilla, podré diseñar mis propias prendas y objetos, que imprimiré en mi casa o recibiré en servicio exprés mediante dron o furgoneta automática. Conductores y transportistas serán también intermediarios indeseados entre el usuario y quien le presta el servicio.

ADIÓS, OPERARIOS

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En el último momento, los objetos habrán logrado tal cota de inteligencia que serán capaces de repararse a sí mismos. Operarios, mecánicos y electricistas quedarán también eliminados de la ecuación en la que las empresas apuestan por ofrecerle un servicio integral y satisfactorio al usuario.

¡Bienvenido al futuro inteligente! A pesar de que no hay una solución política ni social a un cambio tecnológico y laboral que se está implementando a marchas forzadas, la repuesta es sencilla para quienes idean este porvenir: como ya ha sucedido con el internet que conocemos, el que concierne a la información y al conocimiento, su baza está en apelar a un discurso colaborativo. ¡Mueran las antiguas formas jerárquicas! ¡Larga vida a la inteligencia social!, vocean. Pero cuidado: ya dijo Carl Schmitt que quien ostenta el poder no es quien controla la normalidad, sino quien decide en el estado de excepción. Y cuando surja la situación excepcional, la del fallo del sistema, ¿a quién vas a llamar?