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Las revoluciones y sus hijos

Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, en las inmediaciones del Congreso de los Diputados. 

AGUSTIN CATALAN

Liderazgo, guillotina y Twitter

Pere Vilanova

En el ámbito de Podemos, Iglesias nos recuerda a Robespierre, y Errejón, desde luego, es puro Danton

Suele decirse que los procesos revolucionarios acostumbran a devorar a sus hijos, unas veces cuando la revolución ha triunfado, otras por el camino. Ejemplos hay muchos, la Revolución rusa por ejemplo. Al final solo quedó un líder y se llamaba Stalin; hacia 1940 la totalidad del Politburó de 1918 había sido ejecutado (menos Lenin, que murió en la cama en 1924). Pero se trata de un ejemplo sesgado por su aparente esquematismo, dirá alguno, derivado de los modos del Partido Bolchevique. Más complejo es el ejemplo de la Revolución francesa y su evolución desde 1789. Tenemos a varios personajes. El primero de ellos, Robespierre, aparece en escena muy joven, con motivo de los Estados Generales que anuncian el estallido revolucionario. Su oratoria y radicalidad política fueron percibidas por Mirabeau, que dijo de él: "Este joven llegará lejos". Pronto se convirtió en el líder de la facción de los jacobinos, su discurso se fue decantando hacia la dureza política, primero contra el rey (preso desde su intento de fuga en 1791), exigiendo su ejecución, después contra las demás facciones revolucionarias, que juzgaba "débiles", y liquidó a los girondinos. Para finales de 1793 se enfrentó por fin a los demás líderes de su propio partido, a los que liquidó, empezando por Danton, su principal adversario en la dirección de los Jacobinos, bajo el período conocido como "el Terror". Durante medio año gobernó inspirado por dos ideas muy peligrosas:  la “pureza revolucionaria” y la “virtud republicana ejercida colectivamente”. Si en abril de 1794 ejecutó a sus compañeros DantonDesmoulins Hebert acusándolos de “indulgentes”, el 28 de julio acabó él mismo bajo la guillotina.

Es ridícula la bronca entre Iglesias y Errejón por el puño o la uve como forma de saludo revolucionario

Nos queda Joseph Fouché. No era un gran tribuno, lo suyo era estar en segunda o tercera fila. Como tal, después de 1789 primero defendió el juicio contra el rey, pero desaconsejó su ejecución, y cuando vio que los radicales ganaban la aplaudió, no sin antes hacerse un nombre como el Mitrailleur de Lyon, ciudad en la que ejerció la represión en nombre de la Revolución. A la caída de Robespierre pasó a la trastienda (estuvo escondido en casa de un amigo durante casi tres años). Reapareció bajo el Directorio… y en 1799 fue nombrado jefe de la Policía de Francia por el propio Napoleón, cargo que ocupó hasta 1812. Se dice que Napoleón, cuando se enfadaba con él, le decía: "Debería hacerte fusilar". A lo que Fouché, impasible, respondía: "No comparto esta opinión, sire". Acabó sus días promovido a duque de Otranto por la Monarquía restaurada.

El otro día se enzarzaron en una ridícula bronca Iglesias Errejón por el puño o la uve como forma de saludo "revolucionario", y salió Echenique, con media sonrisa, diciendo a la prensa: "Comprenderán que en mi situación no puedo usar mis brazos ni para una cosa ni para otra…". Puro FouchéIglesias nos recuerda más a Robespierre, Errejón, desde luego, es puro Danton. Por fortuna, sin guillotinas y mediante Twitter.