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Al contrataque

Un dilema con patas

Cristina Pardo

Los socialistas deben orientarse con urgencia para sacar al ciudadano del desconcierto

El PSOE va de dilema en dilema hacia no se sabe dónde y con unos planteamientos cada vez más complicados de gestionar. La crisis interna se desató con las elecciones del 26 de junio. Pedro Sánchez dijo que "no era no" y ante él se abrieron dos posibilidades: un gobierno alternativo o terceras elecciones. Ninguna de esas gustaba a los socialistas críticos, que tuvieron entonces que resolver si les convenía mantener a Sánchez o no.

Se plantaron en el Comité Federal y forzaron de manera tremendamente desagradable la salida de la dirección. En ese momento, lejos de aclarar el panorama, se agrandó sobremanera la brecha interna. La gestora tenía por delante otro escenario endemoniado: tratar de unir al partido en torno a la abstención o definitivamente ir a terceras elecciones sin un candidato claro, sin buenas perspectivas de voto y con un proyecto desdibujado.

Convocaron un nuevo Comité Federal para tomar la decisión y optaron por la abstención, aunque sin el apoyo unánime de las federaciones territoriales. Quedó claro que el partido está roto. Los que preferían ir a terceras elecciones tienen que elegir ahora entre obedecer o no. Y los que defendieron facilitar el Gobierno de Rajoy, la gestora, tienen que aclarar ahora si intentan imponer un abstención generalizada en el grupo —con el riesgo de perder autoridad si no lo logran— o buscan once diputados que se retraten y se responsabilicen del inicio de esta legislatura.

Además de todo eso, el PSOE tiene en el horizonte otra disyuntiva complicadísima: qué camino seguir para librarse de Podemos. La lógica dice que los socialistas querrán sobreactuar, una vez que eche a andar el nuevo obierno, para que no se les pueda acusar de entregarse totalmente a Rajoy.

AMENAZA ELECTORAL

Pero, al mismo tiempo, si le hacen la vida imposible, el PP puede amenazarles cada dos por tres con ir a nuevas elecciones. Es decir, que ni siquiera va a ser fácil para el PSOE hacer oposición y dejar su impronta en las iniciativas legislativas.

La imagen que están dando los socialistas en las últimas semanas es, lamentablemente, esperpéntica. Resulta incomprensible que hayan cerrado en falso el último Comité Federal; tan incomprensible como la negativa inicial a darle el gobierno a Rajoy y el cambio de opinión posterior, cuando el resultado de las urnas era todo el rato el mismo.

Es obvio que los números que arrojaron las elecciones pusieron al PSOE en una situación muy difícil. Es obvio que estos dilemas en bucle no se pueden afrontar de una manera sosegada, pero urge que se orienten para sacar al ciudadano del desconcierto. Los votantes pueden permanecer fieles si ven partido. Sin embargo, nadie garantiza amor eterno cuando lo que te ofrecen es, simple y llanamente, un sindiós.

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