Una anomalía contra un derecho fundamental

Europa ha dedicado enormes esfuerzos a evitar que personas necesitadas de protección lleguen a nuestro territorio

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Los CIE son la representación de una Europa que se pierde al irse deshaciendo de los instrumentos que debían servirle de guía. Instrumentos como los derechos fundamentales de los que un día se dotó, pero que solo son fundamentales si son de aplicación a todas las personas.

Los CIE son una anomalía jurídica porque nuestro ordenamiento legal no contempla el castigo de privación de libertad por el mero hecho de cometer una falta administrativa, y aunque ciertas argucias legislativas los hayan convertido en legales, su existencia es una muestra de la no aplicación de un derecho fundamental. Y no es la única. 

El 85% de quienes  intentan entrar en Europa huyen de países en conflicto

En los últimos tiempos, cuando el recrudecimiento de los conflictos bélicos ha incrementado notablemente el número de personas necesitadas de protección internacional, Europa ha dedicado enormes esfuerzos a evitar que esas personas lleguen a nuestro territorio, vulnerando otro derecho fundamental: el de asilo.

Entran refugiados a Europa, sí, pero ¿lo hacen porque los Estados europeos les abren la puerta para dar cumplimiento a sus obligaciones como firmantes de la Convención de Ginebra sobre Refugiados? Ciertamente, no.

MUROS DE CONTENCIÓN

La inmensa mayoría entra después de pagar a las mafias y jugarse la vida en el mar. El mayor esfuerzo que los gobiernos europeos hacen en materia de asilo está centrado en el rechazo a las personas necesitadas de protección: muros entre España Marruecos, entre Grecia y Turquía, entre Bulgaria y Turquía, entre Hungría y Serbia, entre Macedonia y Grecia, entre Austria y Eslovenia, entre Noruega y Rusia, en torno a Calais… Y como resulta que rodearse de alambrada no es suficiente para frenar a quienes huyen para salvar la vida, Europa se gasta ingentes cantidades de dinero en pagar a los países vecinos para que corten el paso a los refugiados.

Hace tiempo que esto se hace con Marruecos, pero ahora se ha añadido un acuerdo con Turquía de mayores dimensiones, y tratan de hacerse otros con Jordania, Líbano, Egipto, Túnez, e incluso Libia, y también se están negociando con Níger, Nigeria, Senegal, Malí y Etiopía. La guinda de todo esto la pone el acuerdo suscrito recientemente con Afganistán para retornar allí a los afganos que vengan a Europa. Retornar personas a un país en guerra es algo que supera todos los desafueros anteriores.

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Los CIE, los muros, los acuerdos con terceros países para que cierren el paso a las personas, son partes de algo que los gobiernos llaman "lucha contra la inmigración ilegal". Pero eso es una falacia: el 85% de los que tratan de entrar en Europa huyen de países en conflicto y, por tanto, lo que hacen los gobiernos europeos es más bien impedir que los refugiados puedan ejercer su derecho al asilo.

Los CIE, los muros y los mencionados acuerdos tienen que dejar de existir porque son parte de unas políticas que cercenan los derechos fundamentales. Europa tiene que abrirse a las personas. Lo contrario nos lleva a una sociedad cada vez más represiva y menos democrática.