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INTANGIBLES

Impuesto al exceso de azúcar

Guillem López Casasnovas

A pesar de las resistencias del primer momento (¿quién quiere pagar tributos? Nótese que por eso se llaman impuestos), la tasa sobre estancias turísticas se está empezando a aplicar y ya verán cómo se extiende sin demasiados lamentos. Igualmente sucederá con el impuesto sobre bebidas excesivamente azucaradas. Esta previsión la he desarrollado en otros foros (véase este PDF); entre estos, los consejos asesores de reactivación económica (CAREC), y en el de sanidad (CASOST), que lo han incluido en sus informes. Su consideración tiene a la vez tanto un componente de impuesto compensador, "pigouviano" se le llama, de las externalidades  negativas o perjuicios socioeconómicos de la obesidad, como de  la salud, planteado como elemento de moderación del consumo, junto con otras medidas. Incluso la recaudación del impuesto puede servir para incentivar la innovación a los industriales del sector de bebidas, vía deducciones fiscales al que la haga. La empresa líder en refrescantes ya lo ha hecho en sus innovaciones  cero y cero/cero, creando un nuevo nicho de negocio.

Estas nuevas políticas cuesta introducirlas por las inercias del status quo. Aquí habrá pasos adelante y pasos atrás, como ha sucedido en otros países, pero de pasar, pasará.. En todo caso ¿ puede un impuesto contribuir efectivamente a los cambios de estilos de vida mediante la variación en los precios relativos de los bienes gravados e inducir así a una mejor asignación de los hábitos de consumo para una mejor salud?

El fat tax (impuesto sobre las grasas saturadas), sobre las sodas (artificialmente azucaradas) e incluso sobre los excesos de la ‘comida basura’ se discuten a menudo en la literatura e intentan entrar en los sistemas fiscales de manera similar a la imposición medioambiental. Dinamarca, estados americanos y provincias canadienses han sido pioneros. Y es que, de entrada, se trata de impuestos de doble dividendo: si consiguen el objetivo de cambiar comportamientos, no recaudarán nada pero evitarán un gasto público. Si no lo consiguen, la recaudación obtenida sufragará todo o parte de los nuevos gastos generados. 

Velar por este doble dividendo es importante en una sociedad que avanza hacia unos niveles de obesidad alarmantes con efectos sobre la salud de las personas, contribuyendo a la desigualdad social –la obesidad muestra una fuerte gradación social—y afectando a la economía (productividad, absentismo, etc.). Estas políticas tienen que encajar en una sociedad que quiere ser respetuosa con las decisiones de los individuos, a través de intervenciones selectivas, basadas en la evidencia, preservando la libre elección. Y ello sin renunciar al paternalismo que suponen los elementos distributivos y de reasignación de determinadas conductas como bienes de mérito o tutelados que son. Es el llamado “paternalismo liberal” que busca que el ciudadano, antes de decidir, encuentre algún tipo de barrera que le obligue a pensar si le vale la pena saltársela. Esta puede ser de acceso (sin sal en la mesa del restaurante), monetaria (el sobreprecio del impuesto) o de limitación (tiempos de espera o espacios reservados). 

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