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EL AMFITEATRO

Buenas y malas noticias sobre la orquesta del Liceu en el Palau

Rosa Massagué

Empecemos por las buenas noticias. El director cinematográfico Ricardo Íscar no podría hoy hacer el documental 'El Foso' sobre la orquesta del teatro del Liceu. Al menos, el resultado no sería aquella imagen deprimente que emergía de su película realizada en el 2012 en la que aparecían unos músicos y un conjunto desmotivado y resignado no se sabía muy bien a qué. Podría hacer otra cinta, la de una orquesta en fase de notable mejora, rejuvenecida, con ganas, como la que abandonó el foso del teatro de La Rambla y se desplazó el día 21 al Palau de la Música con su director, Josep Pons al frente.

Con el nombramiento de director musical del teatro en el 2012, Pons recibió el encargo de hacer "la mejor orquesta posible", según explicaba él mismo hace pocas semanas durante una comida en el Círculo del Liceu. El trabajo no está terminado, pero lo que se pudo escuchar la pasada temporada, el excelente sonido orquestal en 'El crepúsculo de los dioses', de Richard Wagner, fue corroborado ahora en el Palau, en un programa que también incluía fragmentos orquestales de aquella ópera, así como de 'Tristan e Isolda' del mismo compositor, además de un concierto de trompa, de Richard Strauss, y un poema sinfónico de Joan Guinjoan al que llegaremos más adelante.

Pons explicaba de dónde venía la formación diciendo que en la 'Madama Butterfly' del 2013 había en la orquesta 25 refuerzos externos de un total de 73 músicos, es decir, más de una tercera parte eran ajenos a la formación. Ahora se han recuperado plazas. "Estamos a mitad de la renovación", explicaba esperanzado el director y defendía las salidas de la orquesta del teatro a otros auditorios como es el caso del concierto en el Palau. "Una orquesta de ópera se pasa la vida en el foso y necesita visibilidad, es una cuestión psicológica", explicaba, y daba a estas salidas un valor terapéutico

El concierto en el Palau reflejó estos cambios, especialmente en Wagner donde se notaba mucho el trabajo realizado para la representación de 'El crepúsculo', aunque menos en el concierto de trompa con el solista Martin Owen. Pons insistía en la importancia fundamental de las cuerdas, de su aspecto camerístico, "que garantiza que la orquesta funcione". Y así, metales y maderas destacaron por su calidad musical.

De Guinjoan (Riudoms, 1931) la orquesta estrenó el poema sinfónico 'Fiat Lux', una obra que el compositor dedicó a Pons y que está basada en poemas sobre la luz de Antoni Clapés. La obra es brillante, colorista, descriptiva de los momentos del día que desgrana el poema. Aparecen las campanas del mediodía y las cigarras y la tormenta con sus truenos y relámpagos y la lluvia y los recuerdos de una infancia en la que Guinjoan descubrió la música con el sonido de un acordeón.

El final de la obra con el último silencio es espectacular y la orquesta se lució, más si cabe cuando resulta que aquella misma tarde el compositor había cambiado el tempo de aquella última sección de la obra. Guinjoan asistió al estreno absoluto de la obra y saludó al público levantándose de la silla de ruedas con la que debe desplazarse. La ocasión bien merecía un gran aplauso, por la larga trayectoria del compositor, por esta obra --que aun quiere ampliar-- y por la interpretación de la orquesta bajo la batuta de Pons. Así lo entendió el público.

Y ahora viene la mala noticia. En aquella comida Pons había dicho que para cambiar una orquesta hace falta dinero, pero también voluntad política. Dicha voluntad se demuestra, además de con decisiones políticas o estratégicas, con apoyo, con presencia, con interés. La del viernes era una ocasión idónea para que en el Palau se hubiera visto a autoridades políticas, especialmente por el estreno de una obra de uno de los grandes compositores vivos que hay en Catalunya. Pero allí no había nadie, ningún representante de la política confirmando lo que ya sabemos, que a nuestros dirigentes la cultura, la de verdad, les trae el pairo. 

Pero esto no es todo. Tampoco estaban los representantes del Liceu. Al fin y al cabo es su orquesta la que actuaba y la que en esta fase de renovación merece verse arropada por la cúpula. Allí solo estaba Joan Corbera, responsable de la comunicación corporativa del teatro. Una pena. El esfuerzo de Pons y sus músicos bien merecían un poco de calor de la dirección del teatro.   

Con relación al último párrafo de esta crónica, Roger Guasch, director general del teatro, ha querido precisar que además de Joan Corbera, citado en el texto, también asistieron al concierto el director del Departamento Musical, Antoni Pallès, y Leticia Martín, adjunta a la dirección artística. Guasch reconoce que no se comunicó la presencia de estas dos personas como representación institucional del teatro, lo que explica la ausencia de dirigentes del Liceu junto a los del Palau durante el concierto. Guasch explica además su ausencia por motivos familiares y la de la directora artística, Christina Scheppelmann, por encontrarse en Munich cerrando un contrato.