Ir a contenido

Al contrataque

Bob Dylan, en un concierto en Los Angeles.

REUTERS / ROB GALBRATH

'Blowin in the Wind'

Manel Fuentes

Con Dylan y su silencio sobre si asistirá o no a la ceremonia de los Nobel hemos ido más allá del premio

Bob Dylan nos tiene locos. Como el amor. Duele y engancha. Como el viento. Él tiene todas las respuestas a todas las preguntas que sobre él y nosotros queramos formular, pero no está dispuesto a desvelarlas en todos los foros en los que se le reclama. Él no rebaja la respuesta. Él no la da. Ni cuando, ni cómo queremos. Él decide las preguntas. Bob Dylan hace tiempo que solo se debe a sí mismo, y de este modo solo debe asumir sus propias contradicciones. Ningún escenario lo esclaviza ni lo cambia. Dylan siempre da solo lo que quiere dar. No esperes una sonrisa en sus conciertos. Ni una palabra amable hacia la ciudad en la que actúa o hacia el público. No esperes que toque la canción de tu vida, y de hacerlo, no esperes una versión reconocible. Si amas a Dylan, lo haces por sus canciones y porque su actitud emite esa liberadora sensación de hacer lo que le viene en gana, con rigor y tras una toma de conciencia. La misma que siempre estuvo en sus canciones.

Dylan es más áspero que edulcorado. Más faro que mar. Más solitario que corporativo. Dylan no es nuestro, sino que le amamos porque siempre fue suyo. Un espejo en el que quisimos mirarnos y salir favorecidos, lo cual siempre resultó quimérico. Nunca esconde lo grotesco ni el cinismo del entorno. Resulta provocador o evocador en función de quién lo juzgue, pero él no va a ejercer más defensa hacia sí mismo, que mostrar su obra. Pocas veces el fallo del Nobel de Literatura dio tanto que hablar como el de este año. Las críticas fueron muchas. Tantas, como los vítores incondicionales de los fans más entusiastas y reactivos. Y todo, mientras Bob guardaba silencio. Un silencio que esta resultando atronador ya que con él, no se cierra el debate sino que se amplía.

EL VIENTO

Hace tiempo que se dijo que en esto de los premios, los premiados son los que le dan o no nivel al galardón. Por el camino muchos de ellos perdieron su áurea y su magia. Los Nobel alguna vez decepcionaron, especialmente los de la Paz, pero con Dylan y su silencio sobre si asistirá o no a la ceremonia, hemos ido más allá de la mística. Más allá del premio. Ahora ya discutimos sobre los que lo otorgan y sobre el protocolo. Toda esa Academia Sueca se nos ha hecho visible de un soplo. Hay quien ya los examina y juzga. Hay quien ya ve los Nobel como cuando descubres quiénes son los Reyes Magos. Hay quien carga contra Dylan. Hay quien carga contra el Nobel. Y hay quién carga contra todo. Y mientras, Bob guarda silencioUn silencio que rompe para cantar. Para seguir su 'Never Ending Tour'. Para seguir siendo un solitario de gran ayuda a nuestra soledad. Dylan con su silencio nos ha regalado un debate en el que él no tiene ganas de intervenir. Esto del Nobel no va con él. Él solo está en el ambiente. Él es una canción que sigue estando en el viento. Él, es el viento.

Para darle la mejor experiencia posible estamos cambiando nuestro sistema de comentarios, que pasa a ser Disqus, que gestiona 50 millones de comentarios en medios de todo el mundo todos los meses. Nos disculpamos si estos primeros días hay algún proceso extra de 'login' o el servicio no funciona al 100%.