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Ventana de socorro

Jeanne Moreau y Orson Welles, en Campanadas a medianoche.

Campanadas en Cardona

Ángeles González-Sinde

Una película es un artefacto de engranaje tan complejo como incontrolable

Los clarinetes sonaban. Los chicos y chicas de la escuela de música se movían al compás de las notas que ejecutaban de ese modo en que se mecen los músicos, como si creyeran que mientras tocan se vuelven incorpóreos, solo sonido y nadie les ve. Oscilaban suavemente adelante y atrás atentos a la partitura en comunión con la hermosa melodía que resonaba en el mismo lugar para el que había sido concebida 50 años atrás, en otro tiempo, en otra circunstancia por un compositor que según apuntaba las notas en un pentagrama ante su piano, no podía imaginar que volverían a sonar hoy.

Así se hace el cine. Es un trabajo especulativo, sin garantías. Uno pone una pieza sobre la otra y solo puede confiar en que aquel castillo de naipes llegado el momento se sostenga. Una película no es un objeto. Como la música, es una experiencia intangible para el espectador, un artefacto de engranaje tan complejo como incontrolable incluso para el artesano, tan imprevisible que a veces es fallido y a veces un éxito y, de vez en cuando, las dos cosas a la vez.

En conmemoración de uno de esos misteriosos artefactos, la colegiata de San Vicente en Cardona estaba el sábado repleta. Gente como Frederick Muller y Elena Jaumandreu que, siendo solo un poco mayores que los que nos deleitaban reviviendo la banda sonora, habían sido elegidos por Orson Welles en 1965 para hacer el montaje de lo que, solo décadas después, sería reconocida como su obra maestra, superior y más ambiciosa aún que 'Ciudadano Kane'. Sabios apasionados como Esteve Riambau que desde la prestigiosa Filmoteca de Catalunya ha estudiado la cinta de Welles desentrañando los trucos del mago. La Academia de Cine Catalán junto con la Academia Europea de Cine y el Ayuntamiento de Cardona se confabularon para declarar la fortaleza en la que se rodó 'Campanadas a medianoche' nuevo Tesoro de la Cultura Cinematográfica Europea. Yo me acordaba de Emiliano Piedra, el gran productor español que hizo posible que el indomable Welles realizara su complejísimo proyecto.

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