Ir a contenido

Pequeño observatorio

En el aniversario de Ramon Folch i Camarasa

Josep Maria Espinàs

La ironía y la agudez punzante del escritor mantienen toda su capacidad

Un día de estos, el escritor Ramon Folch i Camarasa cumple 90 años. Hicimos juntos el bachillerato en los escolapios de la calle de la Diputació. También compartimos los estudios de Derecho en la universidad. Salimos con dos hermanas, siendo los cuatro aún muy jóvenes, pero Olga, su pareja, murió tristemente muy joven, cuando la penicilina aún no se había implantado como un remedio suficientemente eficaz contra la tuberculosis.

Él y yo escribimos una obra de teatro repartiéndonos el trabajo, la enviamos a un concurso y le dieron el premio. Era una comedia deliberadamente tópica, pero no teníamos dinero. Ni en su casa ni en mi casa. En su casa compartimos la confección de una enciclopedia que había encargado un benefactor padre de mi amigo, el entonces marginado escritor popular Josep Maria Folch. El franquismo le había condenado al ostracismo.

Un día tenía que hacer un examen y mi amigo consideró prudente no presentarse en el aula. Yo redacté y presenté dos exámenes, uno firmado por mí y el otro firmado por mi compañero. Han pasado los años. Folch, felizmente casado, ha escrito libros, ha tenido premios y ha pasado largas temporadas trabajando fuera. Cuando ha vuelto a Catalunya no ha hecho una vida pública ni literaria intensa. Naturalmente, cuando en alguna rara ocasión nos hemos encontrado he podido comprobar que su ironía y su agudeza punzante mantienen toda su capacidad.

He tenido, en la vida, la suerte de tener buenas amistades, si estamos de acuerdo con lo que dice el diccionario: «Cariño de una persona hacia otra con estimación y benevolencia mutuas, más allá de los lazos de la sangre o del amor sexual». En ninguna parte se habla de la periodicidad de contacto, ni de la intensidad expresiva del efecto.

Querido Ramon Folch: por tantos años como sea posible. 'Noranta' rima con aguanta.