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Protesta en Bruselas contra el tratado comercial euro-canadiense CETA.

REUTERS / FRANCOIS LENOIR

Síntesis de los males de la UE

Eliseo Oliveras

Los líderes ceden a las maniobras dilatorias británicas y siguen insolidarios en inmigración

La cumbre que ha concluido este viernes en Bruselas es una síntesis de los males de una Unión Europea (UE) que ha perdido la brújula y el apoyo de los ciudadanos: Las incertidumbres sobre la negociación de salida de Gran Bretaña se prolongan como mínimo cinco meses más. Las divergencias europeas impiden una política coherente y común hacia la vecina Rusia y la guerra en Siria. La falta de solidaridad entre los países europeos sobre los refugiados e inmigrantes se esconde detrás de frases vacías. La prórroga de los controles en las fronteras interiores europeas quiebra el avance que supuso la creación del espacio Schengen. Y, en lugar de responder a las legítimas inquietudes de los ciudadanos sobre el acuerdo comercial con Canadá (CETA), se invoca la pérdida de credibilidad si la UE no firma el polémico tratado.

Los líderes europeos se han resignado a seguir siendo víctimas pasivas de las maniobras de los conservadores británicos, que retrasarán como mínimo hasta finales de marzo del 2017 el inicio de las negociaciones de salida de Gran Bretaña de la UE. Las declaraciones del presidente francés, François Hollande, sobre una "negociación dura" no son más que frases de consumo electoral doméstico para aparentar una fortaleza e influencia de la que se carece. La prolongación de esta incertidumbre, que presagia una negociación complicada, daña a la UE y obstaculiza su imprescindible refundación a Veintisiete, máxime cuando la nueva 'premier', Theresa May, acaba de subrayar que, a pesar de que Gran Bretaña está abandonando la UE, pretende seguir condicionando las decisiones y la legislación europeas hasta su salida efectiva.

El acuerdo con Turquía

Mientras los refugiados e inmigrantes siguen llegando a Grecia e Italia, la cumbre ha aplazado hasta diciembre cómo "aplicar los principios de responsabilidad y solidaridad" entre los estados europeos. Los acuerdos del 2015 sobre reparto de refugiados por países son papel mojado e incluso la cumbre ha tenido que reiterar a los países que envíen a Grecia los expertos, el personal y la ayuda prometida. La UE centra ahora sus esfuerzos en inmigración y asilo en replicar el controvertido acuerdo sobre repatriaciones con Turquía en otros países africanos y aprovechar el acuerdo con Afganistán para repatriar también a los refugiados de ese país al que se califica de seguro, pese a la guerra y la violencia sectaria islamista. Los principios humanistas quedan relegados en aras de una Europa fortaleza.

La última jornada de la cumbre ha estado centrada en el polémico Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA) con Canadá, que la Comisión Europea y los gobiernos defienden contra viento y marea, a pesar de la oposición de los sindicatos, los consumidores y multitud de organizaciones ciudadanas. Las organizaciones civiles y sociales denuncian que el CETA sólo beneficia a las grandes empresas y al sector financiero, mientras que rebaja la protección de los ciudadanos en consumo, alimentación, sanidad, medio ambiente y en cuestiones laborales.

El tratado también da un inmenso poder a las compañías para reclamar indemnizaciones a los gobiernos europeos en un tribunal especial de arbitraje cuando adopten decisiones o normas que puedan dañar sus "expectativas" de beneficios. Existen tantas dudas sobre las implicaciones antidemocráticas de este tribunal de arbitraje que hasta el Tribunal Constitucional alemán ha prohibido que entre en vigor ese apartado del tratado hasta que no se haya pronunciado sobre el fondo de la cuestión.

Una aportación marginal

La Comisión Europea y los gobiernos defienden con vehemencia el CETA como si ahora existieran graves obstáculos para el comercio entre la UE y Canadá. La realidad es otra: el volumen de comercio entre la UE y Canadá ha crecido el 55% desde el 2005 y el año pasado las exportaciones de la UE ascendieron a 35.221 millones y las importaciones a 28.231 millones.

La aportación del tratado CETA al crecimiento económico de la UE será marginal: un mero 0,08% anual, según el informe de la Comisión Europea. Otro informe de la universidad de Tufts (EEUU) y del Global Development and Environment Institute rebaja al 0,03% la aportación anual del CETA al crecimiento de la UE. Este informe, elaborado por los economistas Pierre Kohler y Servaas Storm, advierte que el tratado provocará la pérdida de unos 204.000 empleos en la UE de aquí al 2023, disminuirá los incrementos salariales con una merma de ingresos para los trabajadores en el horizonte del 2023 de 331 a 1.331 euros anuales según los países e incrementará el reparto de la renta nacional en favor de las empresas en el 0,66% en la UE.

Pero el presidente de la UE, Donald Tusk, solo parecía preocupado por la imagen de la UE y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, hablaba del respeto de los derechos humanos en Canadá, que nadie había cuestionado.