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Dagoll Dagom y La Cubana

Josep Maria Pou

Coinciden ahora, en la cartelera, dos compañías históricas, Dagoll Dagom y La Cubana. Las dos han estrenado espectáculo con pocos días de diferencia, las dos alegran la oferta con dos musicales a cual más divertido y las dos confian en que su producto se prolongue en el tiempo 'ad infinitum' o, al menos, hasta poder amortizar, pagar nóminas, devolver créditos, obtener beneficios y, al fin, dormir tranquilos. La eterna cantinela del teatro.

Lo admirable, tanto en Dagoll Dagom como en La Cubana, lo que las hace especiales a mis ojos, es que esa cantinela se mantiene a tono sin desfallecer, desafinar ni abandonar, desde hace yo qué sé la tira de años, alimentada por lo que, a mi parecer, es un desmesurado e incondicional amor al teatro. Solo así se permanece, solo así se sobrevive.

'Scaramouche' y 'Gente bien' son, encima de todo, una celebración del teatro

Desde 1974 en el caso de Dagoll Dagom y desde 1980 en el de La Cubana. Más de cuarenta y casi cuarenta, contando en años. Que se dice pronto. Un tiempo de transformaciones que han sabido transitar con el salvavidas en una mano y el tarro de la imaginación (el de las esencias se da por supuesto) en la otra. Ahora, cada una en su teatro, coinciden, no solo en tiempo y espacio, sino también en contenidos. 'Scaramouche' y 'Gente Bien' son, por encima de todo, una celebración del teatro. Una gran fiesta del teatro. Una enorme, sincera y descarnada declaración de amor al teatro. La máscara, el ser y parecer, el no ser lo que eres sino lo que pareces y, al tiempo, ser solo lo que eres y no lo que pareces, base del actor, en 'Sacaramouche'. Y lo mismo en 'Gente Bien'. Destripando el artificio para mostrar al emperador más desnudo y más verdad que nunca, abriéndose en canal para llegar al corazón y ofrecerlo -guante negro y faramalla de oro en los dedos-, a cambio, solo, de la risa franca.

Si los aplausos fueran votos y Dagoll Dagom y La Cubana dos partidos politicos, tendrían, ahora mismo, ganadas las elecciones y gobernarían a golpe de teatro. Teatro del bueno. No del que se viene usando en las tribunas. 

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