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Editorial

Micromecenazgo contra el cáncer

Las donaciones individuales a equipos de investigación deben complementar la inversión pública

Los pacientes de cáncer, sus familias y aquellos que sobreviven a la enfermedad tienen una sólida tradición de asociacionismo, que hace tiempo se abrió a amplias capas de la sociedad. Estas asociaciones son muy activas en la organización de actos de concienciación y divulgación de todo tipo y de recogida de fondos. Si habitualmente estos fondos se destinaban sobre todo a ayudar a los pacientes y a campañas de divulgación preventiva, a la sombra de los recortes en I+D de los últimos años ha surgido un nuevo uso: el micromecenazgo para financiar la investigación de equipos científicos concretos contra la enfermedad. Este crowdfunding aplicado a la investigación no es un fenómeno que se da solo en el mundo de la lucha contra el cáncer, pero sí es en el estudio de esta enfermedad donde, gracias a su potente red asociativa, se están empezando a ver los primeros frutos de esta colaboración entre la ciencia y la sociedad. Por ejemplo, en los últimos seis años el instituto de oncología del Hospital del Vall d'Hebron (VHIO) ha recibido unos 200.000 euros gracias al micromecenazgo proporcionado por expacientes curados o fallecidos, enfermos en tratamiento, familiares y amigos de afectados.

Las donaciones individuales a equipos científicos u hospitales son una tradición largamente establecida en países europeos como Alemania y el Reino Unido y en Estados Unidos, donde cuentan con unas deducciones y ayudas fiscales que científicos y asociaciones reclaman también en España. La colaboración entre ciencia y sociedad (que adopta otras fórmulas exitosas, como La Marató de TV-3) es muy positiva no solamente en términos económicos, sino también para dar a conocer la labor de los científicos, crear vocaciones y presionar a los poderes públicos para que doten al I+D de los fondos necesarios en una sociedad moderna.

Porque no hay que olvidar que el auge del micromecenazgo se hace a la sombra de unos años muy duros de recortes en ciencia e investigación de los que la ciencia no se han recuperado. El crowdfunding tiene innegables méritos y ventajas, pero las administraciones no deben caer en la tentación de permitir que la sociedad civil asuma tareas de financiación que competen a la esfera pública. El micromecenazgo debe ser el complemento de una decidida apuesta pública por la ciencia y la investigación.

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