14 ago 2020

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30 años de la nominación olímpica

El orgullo de ser barcelonés

Jaume Collboni

Barcelona 92 fue un relato de éxito escrito por hombres y mujeres, valientes y tenaces, que supieron interpretar el sueño colectivo de toda una ciudad

Existen días que desde el mismo momento en que los vivimos pasan a formar parte de nuestra memoria, de nuestro calendario más íntimo. Días que recordamos cuando alguno de sus vectores –volver a visitar un lugar, escuchar una canción, reencontrarnos con alguien…- irrumpen en nuestra cotidianidad y nos recuerdan que siguen estando perfilados, tatuados, sobre la piel de nuestras emociones. 

Fuimos muchos los que este lunes pasado, 17 de octubre, recordamos la nominación de Barcelona como sede de los Juegos Olímpicos de 1992. Han pasado 30 años -¡30!- desde entonces pero siguen bien vivas en mi memoria –como en la de tantos- las emociones que se descorcharon aquel día tras el mágico à la ville de… Barcelona pronunciado desde Laussane. Cinco palabras que escuché en clase. Yo era, en 1986, un adolescente que cursaba 3º de BUP –acrónimo de algo que, hoy, muchos no saben ni que existió- en el instituto Fort Pius del Eixample de Barcelona. Cinco palabras que me catapultaron literalmente hacia la plaza de Catalunya. El mismo impulso, personal e inconsciente, que tuvieron centenares de personas que fueron llenando la céntrica plaza convirtiéndola, por voluntad ciudadana, en ágora de la euforia colectiva

JÚBILO Y ORGULLO

Ni WhatsApp ni Twitter hubieran igualado lo que el júbilo y el orgullo de sentirse barcelonés consiguió aquel mediodía. ¿WhatsApp, Twitter? Todavía recuerdo las colas que se formaron delante de las cabinas de teléfono que rodean -¿rodeaban?- la plaza para avisar a casa que noíbamos a comer y que éramos tremendamente felices. 

Empezaba aquel día –muchos no éramos conscientes de ello a escribirse un nuevo capítulo de la historia de nuestra ciudad. Un capítulo que más allá de las dos semanas de competición se convirtió en una inversión que ha resultado ser permanente en la ciudad: recuperación del frente marítimo, construcción de las rondas… Barcelona 92 es, sin duda, un relato de éxito: el que ha escrito el movimiento ciudadano que ha levantado esta gran ciudad situándola en el mapa y transformando su alma y su paisaje. El relato de una sociedad, moderna y libre, que ya hace 30 años miraba, descarada y desacomplejada, a los ojos a Europa y al resto del mundo pidiendo paso. Una Barcelona cosmopolita, tolerante, abierta, transformadora, genuina y apasionada que tuvo embajadores de ensueño: Cobi y Petra, los anónimos e imprescindibles voluntarios olímpicos, Freddy Mercury y Montserrat Caballé, los Manolos

INTERPRETAR UN SUEÑO

Un relato de éxito que escribieron un grupo de hombres y mujeres, valientes y tenaces, que supieron interpretar el sueño colectivo de toda una ciudad. Por eso, recuerdo, con emoción y gratitud, a los alcaldes socialistas Narcís Serra y Pasqual Maragall, que junto a Juan Antonio Samaranch –cuestionado ahora de forma innecesariaJosep Miquel Abad, Romà Cuyàs, Enric Truñó, Josep Lluís Vilaseca y muchos otros artífices de la candidatura supieron tejer una alianza ganadora. Dejando a un lado las diferencias, juntos cooperaron por un mismo objetivo. Siento por todos ellos un absoluto respeto y una profunda admiración.

Fueron, si se me permite el símil futbolístico, un 'dream team' sin rival formado por una generación de políticos, empresarios, activistas culturales, líderes sociales y deportistas que merecen el calificativo de patriotas de nuestra ciudad. Un equipo que junto al impresionante movimiento de los voluntarios olímpicos nos devolvieron el orgullo de ser y sentirnos barceloneses. Hace 30 años, como hoy, nuestra Europa vivía momentos definitorios. Todos juntos, sin embargo, nos demostraron que por Barcelona nada es imposible si apuntamos bien alto –¡como hizo la flecha de Rebollo! y trabajamos codo con codo. Como hicieron ellos. El indudable valor del legado de los Juegos –el tangible, que ya hemos comentado, y el intangible, como la proyección internacional de la ciudad no excluye, sin embargo, que pueda hacerse ahora un debate sobre aspectos que pueden ser interpretados de forma más crítica.

"¡VIVA BARCELONA!"

Aquella noche, la del 17 de octubre de 1986, Pasqual Maragall nos convocó antes las fuentes de Montjuïc. Ataviado con un inolvidable abrigo de Grisby, nuestro alcalde saltó, nos invitó a soñar y nos regaló una de sus frases más icónicas, más visionarias: "Lo que es bueno para Barcelona es bueno para Catalunya. Y lo que es bueno para Catalunya, es bueno para España. ¡Viva Barcelona!". 

Espero que aquel espíritu nos inspire ahora y nos ayude a afrontar los retos que nos plantean los nuevos tiempos. Espero que, todos, sepamos estar a la altura del excelente trabajo que hicieron nuestros predecesores. Un deseo que verbalizo –que escribo convencido que los mejores años de Barcelona todavía están por llegar. Y que lo hagan sólo está en nuestras manos.