La nueva etapa económica

Las políticas de austeridad en perspectiva histórica

Los recortes son producto de la lucha del capital por recuperar y aumentar sus beneficios

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La titular del FMI, Christine Lagarde, durante una intervención en el foro de  Davos. / EFE / JEAN-CHRISTOPHE BOTT

La titular del FMI, Christine Lagarde, durante una intervención en el foro de  Davos.
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Las políticas de austeridad implementadas en los países del sur de la Unión Europea a lo largo de los últimos años se han presentado por parte de las autoridades europeas y estatales como inevitables dados los elevados niveles de déficit y deuda públicos alcanzados. Como es bien conocido, las principales víctimas de los recortes han sido sus ya históricamente bajos gastos públicos sociales.

Pero, aparte de que no hay ninguna evidencia empírica que demuestre que los recortes deban centrarse inexorablemente en elementos tan importantes para la cohesión social y la igualdad de oportunidades como la sanidad o la educación, bajo mi punto de vista el motivo es otro.

EL CAPITAL Y EL TRABAJO

En el sistema capitalista, la producción de bienes y servicios debe traducirse en unas rentas por las cuales compiten los dos factores de producción: el capital y el trabajo. El primero persigue maximizar sus beneficios y el segundo sus salarios. El resultado de esta 'lucha', el cual depende de las relaciones de poder entre ellos, es la llamada distribución primaria de la renta, la que se da antes de que el sector público actúe para modificarla a través del sistema de impuestos y de gastos públicos.

A lo largo de las décadas de los años 50 y de los 60 del siglo pasado, en un entorno de elevados crecimientos de la productividad, el factor trabajo consiguió ganarle al capital algunos puntos porcentuales en la distribución primaria de la renta. Además, y especialmente en el caso de Europa, ello se completó con unos salarios indirectos vinculados al Estado del bienestar (asistencia sanitaria universal, educación pública, pensiones de jubilación, prestaciones por desocupación, etcétera).

Pero a finales de los años 60 se empezó a revertir esa tendencia a causa de la caída de los niveles de prductividad y el consiguiente aumento de la presión por parte del capital para recuperar sus beneficios. Dos fueron las principales vías para hacerlo. Por un lado, se fue creando un nuevo entorno competitivo -la globalización- que 'exigía' a las empresas disminuir sus costes a través de la desvalorización de la mano de obra (esto es, reduciendo los salarios).

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Por otro lado, se extiende la visión que el sector público es siempre ineficiente en comparación al sector privado dado que el primero no sufre las presiones correctoras procedentes del mercado. De esta manera se genera un 'estado de ánimo' favorable a la privatización del gasto público, y particularmente del que se dedica al sector social.

Los recortes presupuestarios que han tenido lugar desde el 2010 en España y en otros países europeos no dejan de ser un episodio más de la fase histórica del capitalismo en la que nos encontramos y tienen que ver fundamentalmente con la lucha del capital por recuperar y aumentar sus beneficios. 

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