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LAS CONSECUENCIAS DEL 'BREXIT'

¿No es país para extranjeros?

Carlos Carnicero Urabayen

Los proyectos vitales y profesionales de los 200.000 españoles en Reino Unido penden de un hilo ante el divorcio eurobritánico

Es difícil pensar en un caso similar. Reino Unido, el país más abierto de Europa, cuya capital es la más cosmopolita del continente y la única en Occidente con un alcalde musulmán, vive últimamente un enloquecido proceso de repliegue nacional. Desde que el pasado 23 de junio los británicos decidieran salir de la Unión Europea, los discursos nacionalistas, en ocasiones xenófobos, suben de volumen en el debate público con la misma intensidad con la que cae el valor de la libra esterlina, en mínimos en 31 años respecto al dólar.

Se calcula que 3,3 millones de europeos no nacidos en Reino Unido residen allí, de los que 2,1 están trabajando. El total de la población extranjera supone un 8% de los casi 64 millones de habitantes. No hay cifras precisas, pero unos 200.000 españoles viven en Reino Unido. Los planes, proyectos vitales y profesionales de unos y otros penden ahora de un finísimo hilo ante la perspectiva de que el divorcio eurobritánico no sea amistoso.

Un aviso mortal no evitó la victoria de los partidarios de la independenciaJo Cox, parlamentaria laborista conocida por su compromiso con los refugiados y la defensa de la UE, cayó abatida a manos de un fanático de extrema derecha en los días previos al referéndum. A finales de agosto, un polaco de 40 años, Arek Józwik, fue asesinado a golpes por una turba adolescente en el pueblo de Harlow, Essex, un bastión conservador dónde los partidarios del ‘brexit’ se impusieron con un 68% de los votos.

Según Kapuściński, hay tres posibilidades ante el encuentro con el otro: la guerra, aislarse o dialogar

Los duros discursos contra los extranjeros durante la campaña del referéndum propiciaron un aumento de los crímenes de odio sin precedentes. En la última semana de julio hubo 1.863 denuncias, un 49% más que la misma semana del año anterior. Tras el verano las cifras han vuelto a los niveles anteriores al referéndum, pero el clima político no contribuye a calmar los ánimos.

La primera ministra Theresa May parece decidida a ocupar el espacio que monopolizaba el xenófobo partido UKIP, cuyo líder en funciones, Nigel Farage, se congratula de que los 'tories' tomen prestados sus postulados. El gobierno conservador prepara planes – todavía imprecisos – para que las empresas tengan que elaborar listas con los extranjeros que tienen en plantilla y las entreguen al gobierno. El escándalo generado les ha hecho matizar que su contenido sería confidencial. También preparan medidas para “nacionalizar” el personal que trabaja en la sanidad pública, cuyo 11% es extranjero y nada menos que el 26% si solo se computa a los médicos.

Algunas voces como la del exministro de Asuntos Europeos Denis MacShane han sugerido que el lenguaje al hablar de extranjeros evoca al empleado con los judíos en Europa en los años 20. Algunos en el partido conservador tratan de parar esta locura. Como escribió Ryszard Kapuściński, hay tres posibilidades ante el encuentro con ‘el otro’: la guerra, aislarse tras una muralla o entablar un diálogo. Las islas no precisan muros. 

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