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Ventana de socorro

Sueldos de parlamentarios

Ángeles González-Sinde

Quiero vivir en un país en el que cualquiera pueda ser diputado, sobre todo los que no son de la élite

Aunque me linchen en Twitter diré que no estoy nada de acuerdo con el reportaje sobre el sueldo de los diputados que ayer publicó este diario, con el que tanto suelo coincidir.

Afirmaba el artículo en tono crítico que, una vez han sido elegidos, los diputados empiezan a cobrar, haya o no Gobierno y por lo tanto posibilidad de tramitar leyes, o sea, de cumplir su función. A ese coste, el reportaje se olvidaba de añadir la factura de luz, agua, climatización, nóminas de la contrata del bar y la cafetería, personal de limpieza, de mantenimiento, seguridad, empleados administrativos, ujieres, conserjes, letrados y algunos gastos más que genera un Parlamento. La cifra será alta, pero es un coste que pago muy a gusto, porque esos diputados, desde el momento en que son elegidos, quizá antes para hacer campaña, han tenido que dejar sus empleos y no tienen otra forma de ganarse la vida. Por otra parte, la actividad de un diputado no es meramente sentarse en su escaño y aplaudir o abuchear según toque. El diputado tiene unas áreas de las que se ocupa si forma parte de una comisión y sobre las que se informa y trabaja. Además, representa a un territorio con cuyos habitantes mantiene una interlocución constante. El conocimiento y la información de la que dispone un partido sobre la sociedad proviene en gran medida de sus diputados. Son cauces de información y diálogo permanente en dos direcciones: para los ciudadanos, sobre los avances de la legislación que les atañe; para los partidos, sobre lo que necesitan los ciudadanos.

Si las personas que nos representan no pueden dedicarse en exclusiva a este trabajo porque no se les paga, solo se dedicarán los que posean patrimonio personal o los funcionarios que pueden salir y entrar de su empleo con facilidad. Quiero vivir en un país donde cualquiera pueda ser diputado, pero sobre todo los que no provienen de las élites. Lo contrario sería muy peligroso. Y otra advertencia: si seguimos desprestigiando la política y señalando como sospechosos a todos, vamos directos al precipicio.

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