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Dos miradas

Trump saluda a sus seguidores desde la Trump Tower.

REUTERS / MIKE SEGAR

No sucederá

Josep Maria Fonalleras

Quizá me equivoco mucho, pero pese a sus colosales últimas tonterías Donald Trump todavía podría llegar a ser el dirigente más poderoso del mundo

Recuerdo una escena de The Good Wife en la que el candidato a presidente de Estados Unidos se equivoca de pueblo en una gira que realiza por el Medio Oeste y, de resultas de este error (menciona un nombre que no es el que toca), considera que ya ha perdido la campaña y que no tiene opciones de alcanzar la presidencia. Como esta escena, miles. Todos hemos visto una película o una serie en la que el candidato es derrotado porque ha despreciado a una minoría, porque ha tenido asuntos sentimentales ilícitos, porque ha cometido delitos fiscales, porque ha mentido, o porque, sencillamente, ha dicho una palabra que no era la adecuada.

Pues bien. Donald Trump ha hecho todo esto y más. Y aún está en la carrera. Y aún tiene posibilidades de ganar o, al menos, todavía no está a años luz, en las encuestas, de la candidata demócrata, una circunstancia que, en cualquier otro país civilizado, ya habría sucedido. Quizá me equivoco mucho, pero Trump -incluso a pesar de estas últimas y colosales tonterías- todavía podría ser el dirigente más poderoso del mundo. A estas alturas también podría ser, tras el debate de esta madrugada, que ya hubiera hecho las maletas para volver al baño de oro de su imperio, pero yo no descarto nada. Este es el mundo que tenemos. Quizá la mejor solución sería que se fuera, que el Partido Republicano nombrase a Clinton de candidata y que los demócratas, por fin clarividentes, rescataran a Sanders del baúl de los trastos progresistas. Pero esto no sucederá.