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La difícil gobernabilidad de España

'Despodemizar' el PSOE

Carlos Carnicero Urabayen

Los socialistas renunciaron a ser ellos mismos y se deslizaron por una estrategia rupturista más propia de Podemos

Es humana la tentación de imitar a quien amenaza con reemplazarte. Es una estrategia casi siempre errática. El original es mejor que la copia. Al PSOE le ha ocurrido con Podemos. Lo ha reconocido su nuevo líder transitorio, Javier Fernández. Acomplejados, los socialistas renunciaron a ser ellos mismos y se deslizaron por una estrategia rupturista más propia de Podemos. Pedro Sánchez la impulsó y todos le siguieron hasta que, percatados del disparate, le cortaron la cabeza. 

La noche del 26 de junio Sánchez estaba eufórico. Había logrado, frente a todo pronóstico, evitar el 'sorpasso' de Podemos, a pesar de su fusión con Izquierda Unida. El peor resultado de la historia del PSOE – 85 diputados, a años luz de los 202 que cosechó en 1982– tuvo sabor dulce. Para un deprimido Pablo Iglesias, en cambio, el mejor resultado de Podemos parecía una derrota. Una victoria en el terreno de las expectativas que el PSOE ha dilapidado en tres meses.

Las opciones eran muchas, pero la estrategia de Sánchez solo conducía a la repetición electoral

Pedro Sánchez apostó por su #NoEsNo, un cántico orgulloso, lleno de aparente dignidad, a la vista de la calidad democrática del PP de Rajoy. Pero el eslogan escondía una gran debilidad: la de, temerosos de ser señalados por Podemos como una suerte de traidores, renunciar a ser el PSOE, una fuerza socialdemócrata, de centro izquierda, que cree en el diálogo, la reforma y la transformación de la sociedad a través de acuerdos, por muy costosos que sean a veces. Una organización de principios pero con suficiente responsabilidad para entender que prolongar un desgobierno de casi 300 días en medio de una grave crisis no es aceptable.

PRESIÓN SOBRE EL PSOE  

¿Por qué nadie ha pedido a Podemos que se abstenga, por qué toda la presión sobre el PSOE? Se da por descontado que el partido liderado por Iglesias no quiere mancharse en el espinoso asunto de la gobernabilidad. ¿Por qué casi nadie le reprocha a Pablo Iglesias que votara contra Pedro Sánchez en su investidura? Rajoy ya no estaría en la Moncloa. Pero Podemos es un partido de todo o nada. Podemos no es el PSOE.

El #NoEsNo del PSOE podría haber sido 'de entrada no', para después convertirse en 'no con Rajoy' o 'no sin un candidato no afectado por los escándalos de corrupción y la  reforma de algunas leyes, en relación al mercado laboral o el combate de la pobreza', por ejemplo. También podría el PSOE haber optado por tratar de convencer a otros grupos de realizar una abstención conjunta para dar paso a una suerte de gobierno del Parlamento, con un PP en clara minoría. Las opciones eran muchas, pero la estrategia que adoptó Pedro Sánchez -con el silencio de la gran mayoría de los que le han liquidado, todo sea dicho- solo conducía a la repetición electoral.

UNA MALA SOLUCIÓN

Sánchez llegó a afirmar: "Para un país unas elecciones nunca son una mala solución, es mala solución que con el voto de la izquierda se intente indultar a Rajoy". Es verdad, votar no puede considerarse una mala opción en general, pero en este caso es una afirmación tramposa, puesto que votar no es una solución, ni buena, ni mala. ¿Olvidaba que las elecciones ya se han repetido? Unas nuevas elecciones no resuelven los dilemas a los que se enfrentan ahora los líderes políticos para pactar una investidura, en la medida que las preferencias de los electores se han mantenido estables, si acaso más escoradas hacia el PP. A base de "no querer indultar a Rajoy" el PSOE iba a premiarle con mayoría absoluta

La idea de explorar un gobierno alternativo era un puro trámite para despejar el camino electoral. Sánchez no hizo ni una sola reunión con tal objetivo desde que el Comité Federal del PSOE le autorizó a intentarlo en julio, con las líneas rojas de no pactar con el independentismo. A fin de cuentas, Sánchez ya intentó esa vía alternativa cuando los números en el Congreso eran más favorables, lo que debía haber sido suficiente para, tras la mejora electoral de Rajoy, considerar la abstención con condiciones pero sin complejos.

Como ha dicho Borrell en estas páginas, "abstención" no puede ser una palabra impronunciable como lo fue "crisis" en época de Zapatero. A estas alturas es una palabra maldita que merece ser explicada con mucha pedagogía a quienes hasta ahora solo se les ha dicho que pactar es traicionar la palabra dada. Algo nada fácil porque al final de este mes vence el plazo legal para que se convoquen automáticamente las terceras elecciones. Como dejó escrito Azorín: "No es necio el que hace la necedad, sino el que, hecha, no la sabe enmendar". 

Temas: Investidura PSOE

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