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Ventana de socorro

Pensar como Borrell

Ángeles González-Sinde

Durante mi breve tiempo en política llevaba mal que la comunicación mandara. Siendo una profesional del guion, que los mimbres de mi oficio de narradora fueran más importantes que las políticas, es decir las medidas prácticas que se adoptan para administrar los recursos de todos y dar soluciones a los problemas de las personas, me parecía frívolo. Pero era la realidad. No importaba lo que hicieras, sino cómo se percibiría. Si podías, lo deseable era llevar la delantera a los periodistas y aprovechar las olas de opinión en tu beneficio, surfeando con estilo y sin caerte. Es lo que se llama construir el relato y su forma es mucho más importante que lo que cuenta. Hasta tal punto impera el afán de manipular las emociones de los votantes, que ninguna otra cosa parece mover a quien triunfa en política.

Si en nuestras vidas nos manejásemos con semejantes criterios, ¡imagínense el desastre! En la vida privada los adultos aprendemos a distinguir entre emociones, sentimientos y pensamientos y a sopesarlos en su justa medida para que unos no contaminen a otros. Cuando pasamos a la actividad política sin embargo, resulta que se nos pide lo contrario, que dejemos de analizar, evaluar y decidir racionalmente, para participar en una especie de reality televisivo o un melodrama de los cincuenta.

Menos mal que, de vez en cuando, en ese melodrama aparece alguien que se salta las normas y habla como una persona inteligente, reflexiva y muy preparada. Es Josep Borrell, y cada día demuestra más que este país hubiera sido mucho mejor si hace unas décadas él hubiera llegado a presidente. Pero no hay que desanimarse. En una Europa en la que faltan líderes de talla porque la política ya no atrae a las grandes cabezas (o los aparatos de los partidos prefieren que los más brillantes no prosperen, que también puede ser) Josep Borrell es imprescindible. No solo piensa con la cabeza, quiere que nosotros lo hagamos también. Ojalá quisiera ser el nuevo líder de ese partido que otros desguazan y que sin embargo es tan necesario.

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