02 abr 2020

Ir a contenido

MIRADOR

Implosión del PSOE

José Antonio Pérez Tapias

Las presiones sobre el PSOE han sido fortísimas. Se concentraron sobre quien hasta ayer era su secretario general. Todas, con un objetivo: que el Partido Socialista modificara su posición ante la investidura como presidente del Gobierno del candidato del PP. Es decir, encaminadas a dejar atrás la defensa del “no a Rajoy”, a pesar de todos los motivos para que ese “no” tuviera sólidas razones sobre las que fundarse.

El brazo fue torcido. El secretario general dimitió, triste colofón de un comité federal del PSOE transcurrido en medio de un duro enfrentamiento interno, con interminables recesos por imposibles negociaciones e intervenciones que en algunos casos cargaban de más tensión el ambiente. El comité se encaminó hacia un lamentable espectáculo en el que la sinrazón ganaba terreno.

Entre lo que era abusiva utilización de los estatutos para, retorciendo su interpretación, provocar la caída del secretario general, por una parte, y, por otra, la falta de agilidad desde el lado de Pedro Sánchez, culminada con la torpeza de adelantarse a una confusa votación en urna en condiciones nada aclaradas, todo se precipitó a la postre en un resultado adverso al secretario general y su propuesta en cuanto al congreso extraordinario. La dimisión de Pedro Sánchez fue el capítulo de esta triste historia que le faltaba por escribir. Y la constitución de una gestora a imagen y semejanza de Susana Díaz, capitana de los conjurados contra la ejecutiva federal y quien la lideraba, el epílogo.

Todo muy esperpéntico, hasta llegar a una votación final en condiciones tan viciadas como indignas. Por ello, el que suscribe estas líneas decidió no contribuir ni con su mera presencia al espectáculo ofrecido. De ahí la decisión de ausentarme una vez constatado que no me podía acompañar la razón en el intento de mantener argumentos defendibles sobre las acciones en curso. Como Josep Borrell, pretendí sin éxito que las cosas se recondujeran hacia pactar al menos los desacuerdos para abrir espacio a un acuerdo posible. No fue así. El PSOE salió ofreciendo imagen de ruptura y división, efecto de la implosión provocada por quienes utilizaron el 'no' al PP sin convencimiento alguno acerca de la posibilidad de un pacto con Podemos y partidos nacionalistas para un gobierno alternativo al PP. 

A nadie se le oculta que el frontal rechazo a esa posibilidad tiene que ver con la mal planteada defensa de un Estado en crisis institucional por falta de respuesta a las demandas de reconocimiento de las naciones existentes en su seno, como es el caso de Catalunya. Favorecer desde la gestora que va a dirigir el PSOE una abstención para un gobierno de una derecha apalancada en el inmovilismo más duro desde sus posiciones españolistas no va a contribuir a encontrar vías de solución que apunten a una reforma constitucional en serio. El independentismo, a falta de texto, encontrará más pretextos. Y los socialistas de Catalunya me temo que tendrán dificultades añadidas.