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EL SEGUNDO SEXO

El jardín de las delicias, de El Bosco.

En los márgenes

Ángeles González-Sinde

Acostumbradas a las orillas, las mujeres nos movemos por ellas como por nuestra casa

Dicen que parte de la grandeza de El Bosco está en su atención a lo pequeño. La inspiración para esos fascinantes seres fantásticos que pueblan sus cuadros está en las ilustraciones de los márgenes de los códices que los amanuenses confeccionaban en los monasterios. Las miniaturas de aquellos dibujantes ideadas únicamente como ornamento y distracción, pasaron por mano de Jerónimo Bosco a ser protagonistas de las grandes tablas multiplicándose en cantidad, intensidad y efecto.

Las mujeres por lo general hemos estado en los márgenes de la historia, ¡ni los clicks de Playmobil incluyen clacks en su versión de la historia! Acostumbradas a las orillas, nos movemos por ellas como por nuestra casa. A veces se convierte en un handicap porque para alcanzar el centro una debe estar dispuesta a acaparar atención y, aunque no lo crean en esta época de exhibicionismo, a la hora de la verdad no a todo el mundo le gusta que le miren. Me refiero a todas aquellas actividades extralaborales que permiten el ascenso en una empresa u organización: la visibilidad por un lado, que te vean y reconozcan tu tarea, que te impongas y luzcas con naturalidad; y por otro el desarrollo de conexiones y contactos que te conviertan en un rostro familiar en los círculos de decisión y faciliten tu escalada, lo que se llama red, o en cursi, 'networking', algo a lo que los hombres suelen dedicar tiempo y ganas.

EL CINE INDEPENDIENTE DE BAJO PRESUPUESTO

Que nos movemos bien por los márgenes lo demuestran, sin ir más lejos, las mujeres artistas que se van incorporando con éxito al arte contemporáneo, por definición siempre en los límites. Otro campo en el que vamos estando un poco más presentes, según un estudio del Festival Sundance sobre el sesgo de género del mercado cinematográfico, es el cine independiente de bajo presupuesto. Por el contrario, apenas han llegado a dirigir superproducciones dos señoras: Katherine Bigelow en Estados Unidos y Suzanne Bier en Europa. En Argentina o Israel, donde el sistema permite el cine independiente, experimental, de vanguardia, con contenido social o político, es decir fuera de los intereses de mercado de las grandes productoras, las mujeres directoras, productoras o guionistas aumentan. En Argentina oscila entre el 17% y el 21% anual, frente al 8-16% de España o el 10% de Estados Unidos.

Vivir en los márgenes, no ser líder, otorga una libertad que no se tiene en la cumbre. En el cine esa libertad de temas, enfoques, personajes y asuntos permite escapar a las representaciones habituales la mujer en la ficción, tan opresivas y artificiales, con las que no nos identificamos. Es una libertad dentro de un orden, porque con recursos limitados los resultados son limitados también. No todas las historias se pueden contar con poco presupuesto y llegan a menos pantallas y menos espectadores, por lo que el mensaje es menos efectivo.

Para que se entienda mejor: la Capilla Sixtina solo de pudo pintar con un gran desembolso y gracias a un gran encargo, como 'Las Meninas' o 'Los fusilamientos del Dos de Mayo'. No todas las partituras se pueden tocar con una guitarra y una flauta. Por mucha buena voluntad y creatividad que le pongamos, las sinfonías de Beethoven o de Mahler exigen una gran orquesta de probados profesores y una sala con las condiciones acústicas adecuadas, es decir, dinero, infraestructura, medios. Cualquier arquitecta, ingeniera, investigadora, médico podrá hacer el mismo símil: en un pequeño dispensario de pueblo no se realiza la misma tarea que en un gran hospital con medios y personal especializado a disposición.

ENRIQUECER LA VARIEDAD DE DISCURSOS

¿Y cómo puede la actividad desempeñada por mujeres pasar de los márgenes (en los que nos sentimos cómodas, pero que tienen sus limitaciones) al centro? Hay dos opciones: hacer los márgenes protagonistas, como hizo El Bosco, lo que enriquecerá la variedad de representaciones y discursos; y arremangarse, como Anna Serner, directora del Instituto de Cinematografía Sueco desde el 2011, y dar pasos. Para incrementar la paridad en las películas que el Estado sueco subvenciona, no ha impuesto cuotas, sino ha cambiado las condiciones previas a la selección de los proyectos. Según Serner, a las mujeres hay que buscarlas, porque no se las ve, pero haberlas haylas, y en el 2012 anunció que buscaba proyectos femeninos. Empezaron a aparecer.

Además ha contratado más mujeres entre los empleados del Instituto, ha implantado la paridad en comités y jurados de selección y la Filmoteca ha programado más películas de directoras para combatir la idea de que dirigir es cosa de hombres. En dos años y medio ha alcanzado su objetivo, pero para el 2020 Suecia quiere todavía más directoras, guionistas y productoras, que además hagan películas más grandes. Invertirá en visibilidad, en investigar las causas y efectos de la desigualdad y en formación para niñas y jóvenes. No podemos esperar a que nazca otro Bosco.

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