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 Pancartas de partidarios de Sánchez, ante la sede del PSOE.

 Pancartas de partidarios de Sánchez, ante la sede del PSOE. / AFP / CESAR MANSO

"¿Qué le pasa a la izquierda? ¿Qué nos pasa a los que creíamos en una izquierda progresista que luchaba para conseguir un país libre?" La pregunta, nada retórica, de Liz Sánchez, técnica de gestión en una empresa de telecomunicaciones de Barcelona, refleja a la perfección el estado de estupor con el que muchos ciudadanos han seguido esta semana el vodevil que ha ofrecido el PSOE, un partido que se declara socialdemócrata, de centro izquierda, con la S de socialista y la O de obrero en sus siglas.

El espectáculo socialista es de sonrojo, y viene después de dos elecciones en las que para sorpresa, indignación y pesadilla de muchos el PP continúa siendo el partido más votado Podemos y su conglomerado de mareas y confluencias se han mostrado no solo incapaces de conquistar los cielos, sino de acordar a nivel interno una estrategia para lograrlo. "Y mientras, en mis oídos no paran de resonar las carcajadas de la derecha. No solo se les sigue votando, aunque sean corruptos, aunque hayan robado, aunque se queden dormidos en las sesiones del Congreso o el Senado y aunque mientan, sino que encima la oposición (esa izquierda que tenía que marcar la diferencia), se está destruyendo a sí misma sin ningún pudor ante sus todavía fieles votantes", escribe Liz.

VAYA SEMANITA

La semanita del PSOE ha sido sin duda el tema estrella en la conversación ciudadana de los últimos días. Más allá de si Pedro Sánchez o sus críticos concitan más o menos simpatía (pista: muchos ciudadanos que se consideran de izquierdas entienden muy bien que cuando un dirigente socialista dice "España necesita un Gobierno" lo que quiere decir es un Gobierno de Mariano Rajoy, y no les gusta) una idea subyace: el penoso espectáculo que ha deparado el PSOE y sus satélites políticos y mediáticos no es más que un paso más en la derrota sin paliativos de la izquierda ante la derecha en la Europa post-crisis, que ya empezó a gestarse aquel día en que José Luis Zapatero vino a decir que de forma seria solo se puede gobernar de una manera, y cambió a las ministras por señores sesudos, escaso cabello y mucho gris.. "Desde el estrecho de Messina (con las propuestas faraónicas de Renzi) a Ferraz y desde Ferraz a París corre un fantasma por nuestra vieja Europa.  Las estructuras que tantos triunfos cosecharon durante los años pasados ahora se han convertido en el retrato del proceso de decadencia que vive nuestro continente.  Ellos que encarnaron el símbolo del llamado Estado del Bienestar, ellos que debían placar el avance neoliberal, ellos son los que nos han traicionado", escribe Lluís Aguiló desde Palma de Mallorca.

El desplome del progresismo duele especialmente por las esperanzas depositadas por un amplio sector de la sociedad española de que a consecuencia de la crisis y después del renacer de una gran conciencia política y regeneradora de la política entre la ciudadanía había llegado el momento de llevar a cabo cambios profundos en el tejido no solo político, sino social y económico del país. Ante la crisis sistémica del modelo de la Transición (política, institucional, territorial, de ruptura de consensos económicos y sociales), muchos ciudadanos confiaban en que la regeneración vendría de la izquierda, que es la que demostraba más ímpetu en ello. Es cierto, muchos apenas consideraban izquierda al PSOE y sin duda no lo veían como regenerador, pero sí podía ser un socio necesario (de ahí la necesidad de un sorpasso). Pero ni victoria electoral, ni sorpasso y a este paso, ni PSOE.

EMOTICONO DE PALOMITAS

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Y a cambio, una enorme crisis de identidad. Manuel Sánchez, profesor de Barberà del Vallès, escribe en una carta titulada 'La izquierda ya no existe': "La izquierda comunista o socialista ya no existe. Ha sido sustituida por el centro (PSOE, ERC...) por una parte; por otra, ha sido sustituida por la izquierda caviar (la 'gauche divine'). Ahora no importan las condiciones laborales de los trabajadores, ni la igualdad entre los ciudadanos, ni la fraternidad. Y del socialismo o comunismo ya ni se oye hablar. Ahora se trata de entretener al personal: quitar la estatua de Colón de Barcelona, cambiar el nombre de calles que sean monárquicos..."  Una "izquierda falsa" ha ocupado el lugar de una "izquierda transformadora", remacha Manuel su carta.

Y mientras la izquierda discute, debate, se desgarra y se suicida, el PP envía tuits con un emoticono de palomitas. Eso sí, la crisis sistémica ahí sigue.

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