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Análisis

Acercándose al momento de la verdad

Enric Marín

Con la cuestión de confianza presentada por el presidente Puigdemont se ha iniciado un ciclo de liturgia parlamentaria que debería cerrar la aprobación de los presupuestos. Cuestión de confianza y presupuestos son las dos caras de la misma moneda. La presentación de la cuestión de confianza ha sido una especie de reinicio del sistema operativo del bloque social y parlamentario independentista para poder poner en línea presupuestos, acción de gobierno y hoja de ruta.

La clave de este reajuste parece haber sido la actualización de la hoja de ruta. Visto con perspectiva, tampoco debería sorprender demasiado. Es la consecuencia de una lectura más reposada de los resultados del 27-S. En aquellas elecciones de lectura plebiscitaria los votos interpretables como 'sí' superaron muy ampliamente a los votos interpretables como 'no', pero más de un 11% de los votos emitidos no se podían atribuir en bloque a ninguna opción binaria.

Sumar los votos de los soberanistas independentistas identificados con CSQP a los votos del unionismo militante del PP o C's sería tan tramposo como hacer ver que se puede culminar un proceso soberanista con menos del 50% de los votos explícitamente favorables. En ambos casos es hacerse trampas al solitario.

ELECCIONES CONSTITUYENTES

Es cierto que la hoja de ruta votada el 27-S prevé la celebración de unas elecciones constituyentes. Es decir, que lo que comenzó en las urnas debe culminar mediante otra votación democrática. Pero también es cierto que las elecciones plebiscitarias eran el sucedáneo imperfecto del referéndum no autorizado por el Estado. Y al no llegar al 50% de votos explícitamente favorables a la independencia, el sucedáneo permitió articular mayorías parlamentarias, pero no puede ser considerado como un referéndum de interpretación inequívoca.

Así pues, si el momento del referéndum no ha sido superado hay que introducirlo en la fase decisiva del proceso soberanista. Ante esto se pueden plantear, como mínimo, dos objeciones: que este paso no estaba contemplado en el programa de Junts por Sí. Y que es irreal porque el Estado no querrá pactar ningún referéndum. La primera objeción tiene una respuesta clara: en ningún caso puede ser un problema reforzar las garantías democráticas del 'procés'; el problema sería hacer una modificación que erosionara la credibilidad democrática de la hoja de ruta.

CONCULCAR DERECHOS

Respecto a la segunda objeción se pueden hacer dos comentarios breves. En primer lugar, cuando un planteamiento escrupulosamente democrático genera un conflicto, el problema lo tiene quien conculca derechos, no quien legítimamente los reclama. Al menos en un contexto democrático. Y, en segundo lugar, la estrategia de los poderes de Estado de judicializar un conflicto puramente político está condenada al fracaso. Inevitablemente. Las recientes declaraciones de Núñez Feijóo comparando torpemente el terrorismo con la reivindicación soberanista catalana son una muestra clara de desorientación política.

En contraste, el Gobierno catalán ha movido ficha. Si el movimiento se valida con la aprobación de los presupuestos, el soberanismo catalán habrá tomado la iniciativa en la partida de ajedrez que juega con el Estado.
 

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