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Pedro Sánchez y César Luena, este lunes, en la reunión de la ejecutiva del PSOE.

EFE / LUCA PIERGIOVANNI

'Morituri te salutant'

Enric Hernàndez

Acorralado, Sánchez morirá matando. Quizá el congreso sea la solución: el desgobierno perdurará mientras el PSOE no aclare sus ideas y liderazgo

"Salve, César, los que van a morir te saludan." 'Morituri te salutant' es el saludo comúnmente atribuido a los ajusticiados en la Antigua Roma que se jugaban la vida como gladiadores. Tras el revolcón sufrido en las elecciones de Euskadi y Galicia, el circo socialista se ha transformado en un 'péplum': los barones pretenden echar a Pedro Sánchez a los leones, forzándolo a ofrendar la abstención en la investidura de Mariano Rajoy, y el líder socialista se aferra a su diezmado escudo para librar la batalla final y morir matando... o no. 'Morituri te salutant'.

¿Qué alternativas tenía el aún secretario general del PSOE?

1.- Aguardar a que en el comité federal del sábado las federaciones desafectas impusiesen la abstención para evitar las terceras elecciones. A Sánchez, tras el rotundo discurso pronunciado en la investidura fallida de Rajoy, no le quedaría otra que tirar la toalla.

2.- Dimitir como secretario general, renunciar a presentarse a unas futuras primarias y dejar el partido en manos de una comisión gestora que entregara los votos socialistas al PP, pospusiese el congreso federal del PSOE e hiciese inventario para preparar la liquidación.

3.- Convocar una consulta a las bases para que estas dirimiesen el debate de fondo: si el PSOE quiere ser alternativa al PP o su muleta, no ya en la investidura sino también en los presupuestos y demás ajustes económicos a acometer. Porque esa será, en última instancia, la disyuntiva que afrontarán las bases en las primarias del 23 de octubre, si es que los barones no abortan su convocatoria y quien dispute la secretaría general a Sánchez se atreve a propugnar la abstención.

4.- Alcanzar un pacto de Gobierno con Podemos y someterlo a votación entre la militancia socialista. Pero esta opción requeriría de una predisposición al entendimiento por parte de Pablo Iglesias que la cúpula socialista no acierta a detectar. El cuestionamiento interno que sufre Sánchez y el revés electoral de domingo tampoco son las mejores credenciales para negociar una alternativa progresista de Gobierno.

Las elecciones del 2015 otorgaron una frágil victoria a Rajoy y la llave de gobernabilidad, a Sánchez. En las del pasado junio el PP mejoró resultados, pero el papel arbitral del PSOE se mantuvo intacto. Y no es descartable que unas terceras elecciones, prácticamente seguras si los socialistas abren la disputa congresual, reediten esta endiablada aritmética. En España difícilmente habrá Gobierno, sea de un signo o de otro, hasta que el primer partido de la oposición no tenga un liderazgo sólido y las ideas claras. Por excéntrica que parezca, tal vez la celebración urgente del congreso federal sea el mayor sacrificio que puede asumir el PSOE para acabar de una vez por todas con el desgobierno de España.  

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