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Dos miradas

Rivera, con su equipo, durante la reunión de la ejecutiva que ha celebrado Ciudadanos tras las elecciones gallegas y vascas.

JUAN MANUEL PRATS

'Hooliganismo'

Josep Maria Fonalleras

Reacciones como la de Puigdemont o la de Rufián a los resultados electorales de Ciudadanos se parecen a las de Piqué cuando pierde el Madrid

O de la política como reacción visceral. ¿Tienen derecho los políticos, los que ostentan algún tipo de representación, a usar las mismas armas que utilizaría un aficionado? ¿Se puede intervenir en el comentario del encuentro si tú eres uno de los que juegan? Tengo mis dudas. Un articulista puede bromear sobre la bofetada de Ciudadanos en el País Vasco y en Galicia. Observa la jugada, considera que el partido de Rivera es un invento extraño que está a mitad de camino de la euforia populista y del desorden ideológico, que nace como ariete españolista contra la muralla de la lengua catalana, y actúa en consecuencia. Puede decir, como he leído en la red: «Déjenos el número y en todo caso ya le llamaríamos». Es un resumen espléndido para ilustrar la nula fuerza de Ciudadanos y el papel de estraza que quizá acabará haciendo en la política española. Se quedará a oscuras, si el elector continúa percibiendo, como hizo el domingo, que es la serie B de la superproducción del PP.

¿Un 'president' de la Generalitat -aunque sea a través de @KRLS, su cuenta personal- puede clavar la punta de la ironía en la derrota lacerante de los naranjas? El cuerpo se lo pide, pero ¿no habría sido mejor evitar la tentación? ¿No se debería remitir, exclusivamente, a su perfil institucional?

Reacciones como la suya o como la de Gabriel Rufián («Albert, sé fuerte»), se parecen a las de Piqué cuando pierde el Madrid o a las de Ramos cuando lo hace el Barça. 'Hooliganismo'.