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GEOMETRÍA VARIABLE

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en la sede del partido.

DAVID CASTRO

El PSOE, víctima de su propia batalla interna

Joan Tapia

Los socialistas no generan la confianza imprescindible para poder aspirar a dirigir el Gobierno

Las elecciones del domingo en Galicia y Euskadi han tenido un resultado similar al esperado. El PP revalida por tercera vez la mayoría absoluta en una de sus comunidades clave. Son buenas noticias para Mariano Rajoy, aunque el resultado gallego no es exportable. En Euskadi, Iñigo Urkullu y el PNV han tenido un gran éxito y, aunque no tienen mayoría absoluta, podrán gobernar sin demasiados problemas porque pueden reeditar su acuerdo de esta legislatura con el PSOE, que les da mayoría absoluta.

pero el gran interés de las elecciones era su efecto en la política española. Aquí las elecciones han hecho explotar las divisiones internas del Partido Socialista. Los resultados son muy malos si se comparan con los de hace cuatro años, cuando no existía Podemos. Pero en comparación con las legislativas de diciembre y junio, sin ser buenos, son aceptables. En Euskadi, Podemos adelanta al PSOE en 32.000 votos, cuando en junio la ventaja era de 170.000. La razón es que en las legislativas Podemos ganó las elecciones en Euskadi y ahora ha quedado tercero, detrás del PNV y de EH Bildu, a los que ha cedido muchos votos.

O sea, que los resultados vascos del PSOE son malos en comparación con los de hace cuatro años, pero se ha corregido bastante el comparativo con Podemos en las legislativas de diciembre y junio. En Galicia, los resultados están alineados con los de junio, pero no hay tampoco ninguna caída dramática.

Lo que sucede es que el PSOE vive desde hace meses una fuerte crisis de confianza entre la dirección federal de Pedro Sánchez y los barones territoriales que están empañando toda su labor y comprometiendo seriamente todas sus posibilidades. Sánchez se ha decidido a poner fin a la crisis con un congreso y la elección de un secretario general por los militantes, y los barones se oponen radicalmente a esta hoja de ruta. La reunión del comité federal del sábado deberá decidir.

Me temo que Sánchez se haya puesto a él y a su partido objetivos demasiado ambiciosos para su realidad y que el resultado no puede ser bueno. Un partido inmerso en una guerra interna tan fuerte -casi suicida- debe poner su casa en orden antes de querer dirigir el país.

Los resultados no tan malos del Partido Socialista en Euskadi y Galicia han hecho explotar una seria crisis interna que debe ser resuelta con rapidez. Me temo que esto no va a suceder o que la resolución de la crisis va a ser insatisfactoria. Y en ese caso, el PSOE no está en disposición de generar la confianza imprescindible para poder aspirar a dirigir el Gobierno de la nación.

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