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GEOMETRÍA CIUDADANA

¿Ganar desde la moderación?

Joan Tapia

El PNV de Urkullu lo logró en las elecciones vascas del 2012 y aspira a repetirlo en la conflictiva España del 2016

¿Es posible en España, o en el Estado, ganar elecciones y gobernar desde la moderación? No lo parece en Catalunya, donde llevamos años de enfrentamiento entre el independentismo y los no creyentes. Las últimas elecciones fueron en clave plebiscitaria (si o no) y el actual gobierno está a merced de un grupo asambleario, anticapitalista y que quiere salir de la Unión Europea. Tampoco en España, donde vamos a terceras elecciones por la intolerancia de todos contra todos, el PP sataniza al independentismo y el PSOE solo podría gobernar si pactara con Podemos y los de Pablo Iglesias no excomulgaran a un grupo de centro (C's)

Pero existe, sí, una especie de “reserva india”, donde al parecer si es posible gobernar desde la moderación y volver a ganar sin cambio de discurso. Sabiendo que se tendrá que pactar porque (como ya pasó en las elecciones anteriores) no habrá mayoría absoluta. Esa reserva es Euskadi y el partido que según todas las encuestas va a volver a ganar es el PNV.

En Catalunya el PNV no ha estado satanizado pero sí en el resto del Estado, donde se aseguraba que ETA sacudía el árbol (matando) para que el PNV recogiera los frutos. Y cierto que el PNV practicó el frentismo nacionalista cuando el pacto de Lizarra del 98 (logró la tregua de ETA) y con el plan Ibarretxe. Las elecciones del 2001 -tras la ruptura de la tregua y con gran participación- fueron un brutal choque de trenes. A un lado el PP de Jaime Mayor Oreja que, con el apoyo del PSOE de Nicolás Redondo Terreros, quería echar al PNV de Ajuria Enea. En el otro, Juan José Ibarretxe, que plantaba cara para impedir la entrada de “el ejército español” bendecido por Fernando Savater.

Pero tras aquellas elecciones, la derrota en el parlamento español del plan Ibarretxe, el mediocre resultado del 2005 en el que Ibarretxe se volvió a salvar y la derrota del 2009, el PNV concluyó que el frentismo -la polarización- podía ser rentable a corto pero era una apuesta equivocada. Con el 51% (o el 49%) radicalmente en contra no hay proyecto serio posible. Por eso empezó a rectificar ya antes de la derrota eligiendo de presidente del partido al moderado Josu Jon Imaz y luego a Iñigo Urkullu.

Y cuando en el 2009 Ibarretxe perdió pese a ser la primera fuerza (30 diputados) fue jubilado con reloj de oro pero el PNV no dijo que era antidemocrático. Pese a que Patxi López solo sacó 25 escaños (buen resultado debido en parte al proceso de paz de José Luis Rodríguez Zapatero) y fue investido gracias a los 13 del PP. Y pese a que también Batasuna no se había podido presentar por la ley de partidos, lo que obligó a muchos de sus electores a la abstención.    

El PNV no protestó como Artur Mas cuando el tripartito le desalojó de la Generalitat tras 23 años de CDC sino que se renovó con Urkullo de candidato. Volvió a ganar en el 2012 con 27 diputados frente a 21 de EH Bildu (la nueva y renovada Batasuna) y 16 del PSOE y 9 del PP. Y entonces Urkullo optó por no volver al frentismo pese a que ETA ya había dejado las armas y a que con EH Bildu sumaba 48 diputados, diez mas que la mayoría absoluta.

Todo lo contrario, priorizó la respuesta a la crisis ante la reivindicación nacional y ha gobernado con fuertes acuerdos (no exclusivos) con el PSOE. Y cuatro años después las encuestas dicen que repetirá resultados o subirá algo y que podrá gobernar con pactos puntuales con el PSOE y con otros partidos. Los pactos transversales y de geometría variable no son ningún pecado ni para Urkullu ni para el pragmático Andoni Orduzar, nuevo presidente del partido. Además Urkullu propone seguir el guion de la pasada legislatura. Primero, la respuesta social a la crisis y la modernización económica y solo luego no la independencia sino una reforma del Estatuto que permitiera un derecho a decidir pactado entre las fuerzas vascas. Y con Madrid.

Y en plena campaña Urkullu no exhibe músculo nacionalista -ese por el que en Catalunya competían fieramente Mas y Oriol Junqueras- sino garrafas de pragmatismo. Así el fin de semana pasado no dudó en facilitar los siguientes titulares: “es imposible que hoy un Estado se pueda declarar independiente”, o “en el siglo XXI la independencia es hablar de imágenes del pasado”. Y no acabó aquí: “aconsejo a los catalanes que eviten el frentismo”, o “no soy partidario de las vías unilaterales poque nunca serán aceptadas por Europa”. Urkullu dice que el PNV es el de siempre pero que hoy la independencia es una quimera y de lo que se trata es de lograr pactos de soberanías compartida dentro de la UE.

¿Qué está pasando? ¿Los políticos vascos son mas pragmáticos e inteligentes que los catalanes? ¿Los electores nacionalistas son mas prudentes en Donostia que en Girona? ¿Los vascos tienen un concierto económico que les permite desde hace muchos años mas autonomía fiscal y financiera? ¿El PP defiende el concierto vasco mientras recogía firmas contra el Estatut del 2006 que afirmaba que rompía España? ¿En Euskadi, tras muchos años de terrorismo, la normalidad política es mas obscuro objeto del deseo que en Catalunya?

Agiten como quieran estas causas en la coctelera, pero la clave es que el PNV ha sabido reinventarse tras la tentación de las barricadas y que sus dirigentes y sus electores no leen ya libros de caballerías.   

'Yoyes', Pili Zabala y el recuerdo de la violencia

Desde el asesinato de un policía franquista en 1968 hasta el 2011, Euskadi ha sufrido el terrorismo de ETA. El derecho más fundamental -la vida humana- estaba cuestionado. Tras el cese de las armas -en el que pese a lo que dice Madrid ha influido Arnaldo Otegi- la gran pregunta hoy es, ¿qué papel juega el recuerdo de la violencia?

Hace 30 años ETA asesinó en la tranquila y encantadora localidad de Ordizia a 'Yoyes', una dirigente de la banda que se había apartado y vuelto a su pueblo. Hoy su asesino convicto y condenado, Kubati, en libertad desde el 2013, anima a los presos de ETA a recurrir a la via judicial y acogerse a los beneficios carcelarios. ¿Kubati ayuda hoy a Bildu o al PNV, que siempre dijo que la violencia era un error?

La sorpresa la dio Pili Zabala, número uno de Podemos y hermana de uno de los asesinados y enterrados en cal viva. En un debate electoral en televisión, Zabala inquirió al candidato del PP, Alfonso Alonso, si creía que ella era víctima del terrorismo. Tras largos segundos de silencio, el exministro contestó: “de acuerdo con la ley, no”. Pili Zabala había ganado.

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