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La rueda

La política del amor

Antón Losada

Ir o no ir al programa de Bertín Osborne, ese parece ser el dilema en Podemos

Nicolás Maquiavelo aconsejaba a su Príncipe que no podía estar seguro de que sus súbditos le amasen, pero en cambio sí podía asegurar que le temieran; además, el amor siempre resulta volátil e impredecible así que funciona mejor gobernar usando el temor. Seis siglos después, en Podemos reabren ese delicado debate con Pablo Iglesias en el papel del consejero florentino e Iñigo Errejón en el rol de Lorenzo de Médici.

Tras la campaña del buen rollo y las rondallas por las televisiones punteando la guitarra, Podemos obtuvo sus mejores resultados y tras la campaña de la cal viva y la alianza con los comunistas se anotaron los peores, alegan unos. Si dejan de temernos seremos tan prescindibles e intercambiables como el resto y ya no querrán votarnos, sostienen otros. Ir o no ir al programa de Bertín Osborne, ese parece ser el dilema.

Los barones socialistas se pelean entre las sombras por apuñalar mejor y con más soltura a Pedro Sánchez mientras en Podemos se fajan por poner una flor en nuestros ojales y una sonrisa en nuestros corazones. Puede que parezca diferente pero es lo mismo y al final siempre gana Mariano Rajoy, que no debate tanto y resuelve más. A Maquiavelo tampoco le preocupaba el amor. Lo que de verdad le importaba era el poder.

Puede que Podemos perdiera un millón de papeletas por lo que dijo, por el tono empleado, por la campaña o por ir a tal o cual programa de televisión. Es posible. Dicen que el márketing lo cura todo. Aunque también pudiera ser que se le escaparan o quedaran en casa tantos electores precisamente por aquello que votaron e hicieron los diputados y líderes de Podemos entre las primeras y las segundas elecciones. A fin de cuentas, hasta en la política, llega un momento en que eres juzgado principalmente por aquello que haces, no por aquello que dices.

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