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La reunión del Consejo Europeo en Bratislava ha supuesto una desilusión para los partidarios de una Europa que equilibre sus desequilibrios sociales internos y profundice el bienestar social de todos los ciudadanos que forman parte de ella. Una más. Ha sido la primera reunión de este órgano, que reúne a los máximos representantes de los gobiernos de los países miembros, en la que no participaba Gran Bretaña. Los británicos decidieron en referéndum abandonar la Unión Europea y, por tanto, ha perdido sentido su participación en el Consejo Europeo.

Gran Bretaña era, precisamente, el país que más trabas ponía siempre a la potenciación de un ejército europeo, convencida como está que con la OTAN es suficiente para defender la seguridad del continente. Y en Bratislava una de las pocas conclusiones a las que se ha llegado es que hay que activar la creación de un servicio de defensa potente propio de la Unión.

Para financiar este sistema, los dirigentes europeos han propuesto la puesta en circulación de eurobonos. Es decir, pedir dinero prestado con una garantía de pago compartida por todos los países implicados.

¡Qué cosas que hay que ver!

La misma Alemania y otros países del norte y el centro de Europa que se han opuesto y han impedido que se crearan eurobonos para hacer frente al endeudamiento de países como España, Portugal, Italia, Grecia o Irlanda, se animan ahora a pedirles que arriesguen parte de su dinero para potenciar un sistema de defensa militar común.

Es decir, los países europeos endeudados no son de fiar para compartir con ellos la mutualización de la deuda pero sí lo son si se trata de arriesgar su dinero para invertirlo en drones, buques de guerra o ciberdefensa.

Resultaría, pues, que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y por eso no merecemos que los países europeos ricos o con superávit público nos echen una mano, pero tenemos toda la confianza del mundo y nos recibirán con los brazos abiertos en Berlín, Amsterdam o Helsinki, si se trata de compartir el gasto militar.

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Confiamos en que la mutualización de heridos y muertos se haga en base a criterios diferentes a la preocupación de los alemanes por el dinero que tienen invertido en fondos de pensiones, el Producto Interior Bruto de cada país o las cuentas de resultados de los grandes bancos.