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Ventana de socorro

La presidenta de la Junta, Susana Díaz, y su antecesor, José Antonio Griñán.

EFE

Caerán bofetadas

Ángeles González-Sinde

Que me caigan tortas, hoy no me aguanto. Me parece una barbaridad los seis años de cárcel para José Antonio Griñán

Hoy quería escribir mi artículo sobre José Antonio Griñán y contar que me parece una barbaridad desproporcionada la pena de seis años de cárcel que pide el fiscal para él. Quería decir que si buscas información sobre 'el caso ERE', no se encuentra una explicación clara. Que a tal fin el viernes llamé a un amigo fiscal, que estuvo más de media hora al teléfono (él que está tan ocupado) explicándome un asunto complejo que tiene varias vertientes: unas administrativas, otras penales (hay un señor que ya está en la cárcel y malversó 136 millones, un jeta, un chorizo), otras políticas. Comprendí que la juez y la prensa mezclan todo, lo del chorizo y lo de los criterios administrativos, unas veces intencionadamente, otras porque es difícil de simplificar en una columna de prensa.

En las series americanas ocurre de manera transparente: el fiscal del distrito hace campaña, expone sus ideas. Luego la gente le vota o no. Entonces monta su oficina y recibe la presión de la prensa, de los políticos y empresarios. Aquí es distinto. A los fiscales los elige el Gobierno para defender intereses generales, pero, al mismo tiempo, se espera que no tengan ideología. Es imposible. Toda persona tiene opiniones y valores, es decir, ideas políticas, también fiscales y jueces. Otra cosa es que cuando dictaminen, se ajusten a la ley y aparten la ideología.

Esa debería ser la norma, pero esta semana hemos visto a la fiscalía en el ojo del huracán: Conde Pumpido cuestionado por los defensores de Rita Barberá y la Fiscalía Anticorrupción pidiendo la barbaridad de seis años de cárcel para Griñán, en un proceso que en sí mismo es una aberración según muchos juristas. Decirlo en público es arriesgado, porque ya está asumido en la opinión pública que los políticos son todos ladrones, aunque, como Griñán, no se hayan embolsado un céntimo ni para él ni para su partido; y dos porque si hablas, como yo ahora, te arriesgas a entrar en esa batalla campal que es la política y te caigan bofetadas de todos lados. Que me caigan tortas, hoy no me aguanto.

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