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GEOMETRÍA CIUDADANA

Mariano Rajoy y Luis de Guindos, en la presentación del libro España amenazada, escrito por el ministro de Economía.

EFE / FERNANDO ALVARADO

¿Es Guindos el culpable?

Joan Tapia

Proponer a Soria ha sido un error evitable y muestra que en la cúpula del PP hay una muy fuerte pulsión al nepotismo

El primer activo de Mariano Rajoy es que tiene 137 diputados, 52 más que el PSOE, tras subir 700.000 votos entre el 20-D y el 26-J. Y en parte se debe a que la economía española es la que crece más de Europa y se está creando empleo. El gran pasivo es que su currículum le ha dejado sin aliados entre los partidos de siempre (CDC, PNV y PSOE) y que el PP está inmerso -además del 'caso Bárcenas' que le afecta- en una espesa neblina de corrupción y nepotismo. Y el único aliado encontrado y que le hizo llegar a 170 votos en la investidura es Ciudadanos, que no solo no le quiere, sino que le obligó a firmar un pacto contra la corrupción.

Y puede resultar que el principal arquitecto de su relativo éxito económico -el ministro Luis de Guindos- sea también el causante de uno de sus principales problemas. Esta semana, dos asuntos principales han enervado al presidente, que quería centrarse en la campaña gallega: la gran tormenta por el nombramiento de José Manuel Soria como director ejecutivo del Banco Mundial, que ha forzado al ministro Guindos a comparecer en el Congreso, y la apertura por parte del Supremo de una investigación por blanqueo de capitales contra Rita Barberá, exalcaldesa de València y política estrella del PP valenciano, tras las retiradas obligadas -también por corrupción- de los expresidentes Eduardo Zaplana y Paco Camps, dos viejos y abandonados aliados del propio Rajoy.

Pero lo que indica una gran falta de reflejos -el gran peligro de futuro- no es el pasado, con el que no puede dejar de apechugar (Barberá, 'Gürtel', BárcenasJaume Matas…), sino los errores del presente, como la elección para el Banco Mundial de Soria, un ministro que tuvo que dimitir hace poco por los 'papeles de Panamá'. Lo de Rita es inevitable y Rajoy no puede hacerla dimitir de senadora. Lo de Soria es algo voluntario que indica una irrefrenable tendencia al nepotismo, incluso cuando acaba de firmar un pacto anticorrupción y su renovación como inquilino de la Moncloa pende de un hilo.

El libro del ministro indica que Alemania no quería un muy caro y peligroso rescate total de España, sino solo el bancario

¿Es Guindos el culpable como se filtra desde oficinas próximas a Rajoy, pese a que el presidente asistió y elogió -con cierta frialdad- al ministro el pasado miércoles, en el acto de presentación de su libro 'España amenazada' (Editorial Planeta)? El martes, en la Comisión de Economía, el ministro afirmó que Soria fue nombrado por razones técnicas en un concurso, pero admitió que la designación era voluntaria (dijo discrecional). Y el jueves, en Antena 3, reconoció que era la “historia de una no designación” porque solo duró cuatro días, y que “desde el punto de vista político, la decisión no es correcta”. ¿Por qué se hizo, pues? ¿Es creíble que el nombramiento de un exministro amigo (de Guindos y de Rajoy) no lo conociera el presidente? ¿Por qué se disfrazó todo como un concurso de decisión obligada por méritos? ¿Por qué el nombramiento de un exministro que se reconoce un error político se lleva a la Comisión de Economía -muy reglada- y la presidenta del Congreso se niega en un primer momento a convocar un pleno? Claro, era mejor para escabullirse.

Guindos y Rajoy se han disparado un tiro sobre sobre ellos mismos y el contenido del libro ha pasado a segundo plano. Es una lástima, porque es un muy interesante -aunque lógicamente algo parcial- análisis de la política económica de los últimos años.

Nadie discute a Guindos, que es un muy buen macroeconomista con personalidad que sabe explicarse bien y con coherencia. Además, pese a ser un hombre muy seguro de sí mismo, incluso más de lo prudente, no rehúye el diálogo y la discusión pública. Asiste desde hace años a las jornadas económicas de S'Agaró que organiza la empresaria y exdiputada Anna Balletbó. Y antes del verano, mantuvo un interesante debate en Barcelona, en un acto del Foro de Foros, con Miguel Sebastián, el exministro socialista, en el que hubo más coincidencias que discrepancias. En el contencioso catalán ha preferido siempre la negociación a la confrontación.

Tres telegramas sobre el libro. Uno, Miguel Ángel Fernández Ordóñez era lento y gradualista y él reventó la herida, echó a Rodrigo Rato de Bankia, la nacionalizó y pidió el rescate bancario. Dice que este saneamiento fue clave en la recuperación. Quizá exagera (flota antipatía hacia Rato y el Banco de España, calificado de “viejo caseron”), pero los resultados están ahí. Y los otros, o han quedado descalificados (Rato), o callan (Ordóñez).

Dos, Alemania no quería el rescate total, que habría sido demasiado caro, sino el bancario. Explicando la negociación por videoconferencia de dicho rescate (9 de junio del 2012), afirma que huía de que a Madrid le dictaran desde fuera la política económica. Se plantó: si no cedían, pedía el rescate total de España por 500.000 millones y ya podían ir preparando otro de 700.000 para Italia. Cedieron y el rescate bancario fue de 100.000.

Tres, Rajoy no quiso vicepresidente económico para tener más poder. Discusión desde el minuto cero. Guindos quería subir el IVA y Montoro el IRPF. Rajoy se inclinó por Montoro, pero seis meses después también hubo que tocar el IVA.

¿Por qué en el 2012 España se quedó sin voz en el BCE?

Aparte de Mario Draghi, presidente, el órgano clave del Banco Central Europeo es el comité ejecutivo, en el que hay otros cinco miembros. Desde el inicio se acordó que tres corresponderían a los tres grandes países, y por eso, cuando Draghi sustituyó al francés Trichet, el otro miembro italiano dimitió sin rechistar. De los otros tres miembros, uno debería ser para España (no obligatoriamente) y ahí estaba José Manuel González-Páramo, nombrado por el 'gobierno Aznar'. Pero en el 2012 acabaron los ocho años de PáramoGuindos explica que Alemania no aceptó a Antonio Sáinz de Vicuña y prefirió al luxemburgues Yves Mersch. Parece que no es exacto. En el BCE opinaron que Vicuña, jefe de los servicios jurídicos, era un jurista sin la cualificación económica suficiente y sugirieron a David Vegara, secretario de Estado con Solbes, o Juan Manuel Campa, el macroeconomista de Elena Salgado. Madrid los rechazó por venir del 'gobierno Zapatero' y España se quedó sin voz en el BCE en un momento muy delicado.