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IDEAS

Poética del NO

Josep Maria Pou

Ha sido el vocablo del verano. Y lo que te rondaré, morena. Saludable a tiempo, grosero a destiempo, rotundo siempre, el adverbio de negación se ha convertido en protagonista absoluto de sesudas mesas principales y de obtusas tertulias tabernarias. Un NO mayestático, la mayoría de las veces. Directo como una pedrada. Un NO dicho hasta tres veces, a lo San Pedro, o repetido sin descanso, modelo metralleta. Un NO retorcidillo, con sonrisa de satisfacción y sabor que perdura en la garganta. Un NO de izquierda a derecha y viceversa, y de arriba a abajo, también con viceversa. Un NO que es puro quiste. Un NO, tan sin matices, que no es ni no ni ná, ni chicha ni limoná. 

Para que la próxima sesión de investidura sea más llevadera sirvan unos versos de Edmond Rostand para su 'Cyrano de Bergerac'

Pero si uno se concentra mirando fijo el NO, la vista quieta, el pensamiento detenido, advierte que, al darle la vuelta, se convierte en ON, vocablo mágico que pone en marcha lo mismo un móvil que una central atómica. Le das al ON y ya todo funciona. Aprietas el ON y la vida entra en casa. ON es el Ábrete Sésamo de los tiempos modernos. El abracadabra de los imposibles. Entonces, ¿por qué no le dan la vuelta, señores míos, y acabamos de una vez? Si el NO contiene al ON, dénle la vuelta y pónganse en marcha, señores. Pónganse en marcha, caminen, negocien, acuerden, decidan. 

En cualquier caso y para que la próxima sesión de investidura sea un poco más llevadera, desde el repertorio del teatro les brindo otra forma de decir NO. Ahí van unos versos que, dichos en el hemiciclo, pueden hacer mas digerible el trámite inevitable. Los escribió Edmond Rostand para su 'Cyrano de Bergerac' hace unos 120 años, pero sirven como recién horneados:

"Y para ello ¿que tendría que hacer?/ ¿Buscar un poderoso propicio a mi ambición?/ ¿Ser la hiedra que al árbol se adhiere con tesón/ y en lugar de ascender por mi propia valía/ trepar por el engaño, la astucia y la falsía?/ ¡No, gracias!/ ¿Convertirme en bufón cortesano, en espera/ de que un privado real me otorgue su sonrisa/ a cambio de una baja adulación sumisa?/ ¡No, gracias!/ ¿Que me manche la baba de un reptil?/ ¿Tener el vientre orondo y el espíritu vil?/ ¿Vivir, rodilla en tierra, sin honor ni moral/ y hacer genuflexiones con la espina dorsal?/ ¡No, gracias!/ ¿Coadyuvar por un lado al cohecho,/ para obtener, por el otro, el favor y el provecho?/ ¡No, gracias! ¡No, gracias! ¡No, gracias!"

Es lo mismo, pero mejor. Misma letra, música distinta. ¿Alguien se anima, señorías?    

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