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Dos miradas

El humor solo es de verdad cuando hace pensar, cuando dialoga con el intelecto. No cuando cabalga sin jinete

¿Qué es el humor? ¿Cuáles son los límites? ¿Podemos reír o hacer broma de cualquier cosa, de cualquier circunstancia, por trágica que sea? Quizá el límite lo podríamos poner en la inmediatez del referente. Era imposible hacer humor de la barbarie nazi mientras Hitler aún dominaba Europa y los campos de concentración funcionaban a pleno rendimiento. ¿Estamos de acuerdo? Pues bien, resulta que Ernst Lubitsch filmó 'To be or not to be' en 1942, con bromas sobre el dictador y sobre los judíos. ¿No era legítima aquella espléndida comedia? ¿No sirvió, a su manera, para enseñar al mundo parte de aquella ignominia, con escenas tan magnas como la del actor que recita el monólogo de 'El mercader de Venecia' para defender la causa de los oprimidos?

¿Es humor lo que ha hecho 'Charlie Hebdo', este insulto a las víctimas del terremoto italiano haciendo cachondeo con la pasta para definir tres categorías de víctimas según si eran macarrones con salsa de tomate, macarrones gratinados o -los muertos, los soterrados- lasañas, con capas de cadáveres y de escombros? Han sido muy criticados y se han defendido diciendo que la devastación no la provocaron ellos sino la mafia que construyó las casas de papel de fumar. Pero vuelvo al origen: ¿se puede hacer mofa de la desolación? El alcalde de Amatrice ha dicho que no se hace sátira con las desgracias. El humor solo es de verdad cuando hace pensar, cuando dialoga con el intelecto. No cuando cabalga sin jinete.

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