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INTANGIBLES

Guindos, el hombre que quiso ser ministro

Jesús Rivasés

Tras el 'caso Soria', el futuro del ministro de Economia está en manos de Rajoy

Al Gore se preparó desde muy joven para ser presidente de EEUU. Fue vicepresidente con Bill Clinton en la Casa Blanca. Ganó las elecciones del 2000 en votos populares pero no electorales -escándalo del recuento en Florida incluido- y George Bush le arrebató su sueño. Luis de Guindos siempre quiso ser ministro. Renunció a puestos brillantes y con remuneraciones millonarias, y al final logró su objetivo de ser ministro a cambio de unos 65.000 euros brutos al año, diez o quince veces de lo que ganaba antes y de lo que ganaría en el sector privado. El poder y la política son así.

Este miércoles, en Madrid, en la Fundación Rafael del Pino, Luis de Guindos, arropado por Mariano Rajoy, presenta su libro España amenazada, en el que ofrece su versión de la intrahistoria de los días de 2012 en los que la economía española estuvo al borde del abismo. Guindos aporta novedades y ofrece detalles que han escocido en el Gobierno y en el PP y, si en su día escuchó "silbar las balas" del fuego amigo, acusado de no evitar el escándalo de las 'tarjetas black' de Bankia, ahora quizá escuche zumbido de misiles, de los compañeros de Gobierno y de partido y de los rivales políticos.

Luis de Guindos está también en el centro del huracán por el error político -el responsable último no está claro-, de proponer de José Manuel Soria para ocupar un puesto en el Banco Mundial. Además dará la cara este martes ante la Comisión de Economía del Congreso. El único objeto de su comparecencia es que la oposición intente crucificarlo -y de paso a Rajoy- y él salir lo menos tocado posible. Son las reglas, que no incluyen el que prevalezca la verdad. Hay varias versiones -ninguna justifica el error-, pero parece que fue Soria quién pidió el puesto y que la tradición, como ha recordado el filosocialista Manuel Conthe, aunque nada más, avalaba su aspiración. Es obvio que, en el mejor de los casos, no era el momento. Soria debería haberlo sabido y evitado a su partido, a su Gobierno y a su amigo Guindos, un traspiés importante. Todavía más, Rajoy tuvo que llamar a Soria dos veces para diera su brazo a torcer, después de que rechazara hacerlo cuando se lo pidieron expresa y repetidamente varios amigos suyos y del ministro. Soria se encastilló y obligó a intervenir al líder del PP.

 Los misiles, propios y ajenos vuelan sobre Luis de Guindos, quizá el último o el único liberal del Gobierno. Antes del escándalo Soria y de su libro, el futuro no estaba escrito pero tenía un lugar destacado si el PP vuelve a gobernar. Ahora sigue sin estar escrito. Sus rivales están muy activos, entre ellos Álvaro Nadal -que también se prepara para ser ministro desde que era estudiante- y que pudo ser quien sugiriera la salida de España del euro en los momentos más críticos. Guindos, apoyado por el presidente desbarató esa opción y, críticos y errores aparte, ha sido la cara económica de España en Europa y más allá. Su futuro, a pesar de todo, si Gobierna el PP, está en manos de Rajoy, cada vez menos predecible.