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Al contrataque

La Diada cuarentona

Xavier Sardà

Hace 40 años, en Sant Boi comenzamos a dar pequeños, torpes y humildes pasos hacia el incierto futuro

Lo confieso: yo asistí, senyera en mano y con 18 años, a la Diada de Sant Boi. Hace 40 años. (Emoticón de susto). Al día siguiente, baile de cifras: Según el Avui, 100.000 personas; El Correo Catalán publicó que 80.000; Diario de Barcelona dijo que 70.000; La Vanguardia, 40.000, y Televisión Española, 30.000. Vamos, la tradicional danza aritmética. Según Contrastant.net y en base a los cálculos espaciales más recientes, dicen que no seríamos más de 27.374. Para entonces, muchísima gente.

La concentración no se legalizó hasta la noche del 9 de septiembre y las duras negociaciones crearon enormes expectativas y sin duda una mayor movilización. Fue prohibida la convocatoria inicial en el parque de la Ciutadella. Como se prohibía prácticamente todo, lo de Sant Boi fue una peregrinación masiva y unitaria.

Roca, Carbonell y Saltor

Al llegar teníamos que mirar por encima de miles de cabezas, algunas bastante melenudas. Mirábamos entre infinidad de senyeres. Mirábamos al escenario y nos mirábamos a nosotros mismos y los del escenario nos miraban. La Policía Armada nos miraba sin saber si alguna orden súbita provocaría un «venga,venga,despejen». Algunos de extrema derecha rompieron bastantes cristales de coches aparcados y, ¡sorpresa!, les detuvieron. Algo estaba cambiando. Gritábamos lo de «llibertat, amnistia i Estatut d'autonomia». Era la primera manifestación-concentración que no acabó a hostia limpia, aunque todavía quedaban muchas por repartir.

Se iniciaron los parlamentos de Miquel Roca, Jordi Carbonell, Octavi Saltor… Los encargados de que todo transcurriese sin incidentes recuerdan: «En la plaza prácticamente no había niños ni ancianos. La gente iba con miedo y con calzado deportivo por si había que correr. A ningún padre se le habría ocurrido llevar a sus hijos pequeños». El acto comenzó con un minuto de silencio por los muertos por la libertad y la lectura de un mensaje del president de la Generalitat en el exilio, Josep Tarradellas. Coño, qué viejo soy.

La libertad es cosa magmática, pero la amnistía y el Estatut se consiguieron y llegó el momento de abordar de otro modo los problemas de orden social, sindical o económico. El fragor resistencial se convirtió en política parlamentaria, con sus grandezas y sus desencantos.

Hoy saldrá a la calle mucha gente ilusionada, o cuando menos esperanzada. Saldrán bastantes de los que estuvieron aquel día del primer Sant Boi. Aunque algunos no comprendamos lo de jugarlo todo a una sola carta política y no sepamos cómo calibrar el tema de la independencia, hace 40 años comenzamos a dar pequeños, torpes y humildes pasos hacia el incierto futuro. A los que hoy salen a la calle: salud, suerte y ¡buena Diada!

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