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Editorial

El atentado de las Torres Gemelas cambió la política exterior norteamericana hace una década.

STR (Reuters)

15 años del 11-S

De Snowden a Guantánamo, el debate libertad-seguridad es una de las consecuencias de los atentados en EEUU

El siglo XXI, se dijo tras el enorme impacto emocional que supuso ver desmoronarse en directo las Torres Gemelas, empezó aquel 11 de septiembre del 2001 cuando los terroristas de Al Qaeda golpearon como jamás antes nadie había hecho en el mismo corazón de EEUU, en Nueva York y Washington. Esta vez no fue una hipérbole periodística: el atentado supuso un desdichado hito histórico que cambió el devenir interno de la potencia mundial y el internacional. Tras el atentado, la Administración de Bush lanzó a nivel exterior la guerra contra el terrorismo y a nivel interior la Patriot Act. Quince años después, no se ha repetido un atentado como ese en territorio estadounidense pero sí ha habido similares en el resto del mundo a pesar de una larga lista de medidas de seguridad y numerosas operaciones bélicas, invasiones incluidas. En nombre de la seguridad, se han conculcado derechos civiles en los países occidentales y se han vulnerado derechos humanos en otras partes del mundo, sobre todo en Oriente Próximo. De Snowden a Guantánamo, el debate seguridad-libertades es uno de los efectos del 11-S.

El 11-S sigue estando presente en la vida de los estadounidenses, y también en su campaña electoral, como no podía ser otra manera en un país que aquel día sufrió la muerte de casi 3.000 y que vive en una «guerra contra el terror» a la que no se ve el final. Las dos contiendas que prendieron en las cenizas de las Torres Gemelas, la de Afganistán y la de Irak, dibujaron los límites del poder estadounidense y dispusieron nuevas reglas de juego: guerras preventivas, con dudosos casus belli y desdén por las consecuencias. Pero las consecuencias existen, y algunas de ellas marcan la actualidad hoy: el vacío de poder en Irak y Siria que facilitó la aparición del Estado Islámico, los refugiados que se agolpan a las puertas de Europa y las vergonzantes reacciones que esta crisis humana ha suscitado en el Viejo Continente, entre ellas la vieja xenofobia disfrazada de islamofobia. El 10 de septiembre del 2001, el mundo vivía aún en la ilusión del nuevo orden mundial decretado por Washington tras su victoria sobre la URSS en la guerra fría. El 11 de septiembre, el mundo entero despertó a un auténtico nuevo orden más incierto, oscuro y peligroso, con más actores y menos certezas, en el que aún nos encontramos sin atisbarle salida.