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Soria ya no será cooperante

Miquel Carrillo

José Manuel lo tenía ya todo preparado en su maleta, como dice la canción de Los Hombres G. No se iba a Venecia a bañarse en la playa, como los de Summers, sino a Washington, la capital del mundo, a trabajar duro para erradicar la pobreza y las desigualdades en este mundo, para tratar de enderezar el rumbo de este trasatlántico y llevarnos hacia un futuro mejor, sostenible, me refiero, él que sabe de energías renovables y fiscalidad internacional como nadie. Un cooperante más en el Banco Mundial, un sitio donde se corta el bacalao, no en esas ONG trufadas de aspirantes a revolucionarios, la vía alternativa para los diplomáticos con rasta y pocas ganas de sacrificarse por la humanidad llevando corbata bajo el sol tropical.

‘No está tan mal, mejor de lo que uno pensaba antes de entrar’, me decía hace tiempo un colega que lleva años trabando en el número 1818 de H Street. ‘Seguro que después de haber sido el blanco de todas las críticas por sus políticas, ahora ponen especial empeño por hacerlo bien’, concluíamos mientras visitábamos el edificio. Ahora que lo pienso, creo haber visto el despacho donde se iba a sentar José Manuel, junto con el resto de directivos del resto de accionistas, en la sala de mando del Banco, en el último piso. Desde donde se coopera, se manda y lo que digan los que te han puesto ahí, pero en condiciones, porque si no hay condiciones, no vale la pena, ‘¿ha apuntado esa frase, querida secretaria?’

A muchos kilómetros de distancia, una funcionaria de la Generalitat visita un coworking. No vamos a decir el nombre de la ciudad, o nuestros servicios secretos se activarían y tampoco hace falta darles trabajo adicional. Hay lo que hay, ya saben, y lo importante es que existan las estructuras de estado, ya irán mejorando con el tiempo. ‘Además’, le aseguran en la inmobiliaria, ‘pueden poner las banderas que quieran en la sala común de reuniones y traer a la prensa, mientras no molesten al resto de personas que comparten el espacio de trabajo y se apunten en la lista para reservarla con tiempo’. Lo conseguiremos, lo haremos bien, hasta puede que todo el mundo piense que el resto de personas que trabaja allí no está haciendo networking sino que forma parte del staff de la nueva embajada catalana en Batonia. También tendremos unas estanterías para los de las ONG, también.

Volvemos a cruzar el charco. Ronaldinho planta el balón sobre la moqueta verde de las nuevas oficinas del FC Barcelona en Nueva York y, sin dejar de reir, encara la portería de mentirijilla y marca su enésimo gol. Acto seguido y antes de que abra el refresco patrocinador o una cuenta en el banco que firma el video promocional, el Empire State Building se ilumina de azulgrana a través de un resorte que los conecta y la Gran Manzana transforma su skyline. ¿Quién dijo que no había medios? Un nuevo inquilino en la ciudad que nunca duerme, otro que quiere comerse el mundo, y el mundo se sirve en lonchas con salsa en los más selectos restaurantes de Manhattan, no en las fritangas para turistas de la Barceloneta. ‘¿Amigo, eres de Barcelona? ¿Messi?¿Xavi?¿Piqué?’. Estamos en el mapamundi gracias al Nou Camp, por eso es más que un club, no porque haga murales de colores para la Diada, los tiempos cambian, no se equivoquen. Basta con aprenderse la alineación titular para hablar con cualquier persona en el mundo, eso es internacionalizarse y el resto balbucear.

Hoy es el Día Internacional del Cooperante, un día como cualquier otro para reivindicar que hay otra manera de relacionarse con el mundo. José Manuel ya no lo será y nunca quiso serlo en realidad, nuestra joven funcionaria tiene una oportunidad de serlo todavía y Ronaldinho sigue marcándonos goles, imparable, como siempre, con la camiseta de Qatar o con la de Unicef, ¿qué más da?

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