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La clave

La segunda caída de Soria

Juancho Dumall

Todavía estupefacto por la escandalera que se ha organizado con la promoción de José Manuel Soria a un alto puesto del Banco MundialMariano Rajoy ha decidido plegar velas, envainársela y forzar la (segunda) renuncia de quien fuera su ministro y sigue siendo su amigo. El sábado, camino de China, aún defendía la justicia del nombramiento de Soria y el derecho de este, como funcionario de carrera con el nivel requerido, a ocupar tan apetecible cargo (226.000 euros al año libres de impuestos), sin que nada tuviera que ver en este asunto su más que turbia salida del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo por la nimiedad de haber tenido cuentas en paraísos fiscales mientras ejercía la política y haberlo negado hasta que las pruebas lo acorralaron sin remedio.

Dada la peculiar vara de medir que usa el presidente en funciones cuando se enfrenta a casos de corrupción o de malas prácticas democráticas, debió de pensar en un primer momento que había que aguantar y esperar a que escampase. Pero esta vez ha habido un hecho diferencial. No ha sido solo la oposición y la prensa menos amiga del PP la que ha puesto el grito en el cielo con tan incomprensible decisión. En esta ocasión se han mostrado críticos medios amigos -La Razón, sin ir más lejos- y, sobre todo, pesos pesados de su partido. Que Alberto Núñez FeijóoCristina Cifuentes y Juan Vicente Herrera, presidentes de Galicia, Madrid y Castilla y León, respectivamente, mostraran, aunque de forma diplomática, su rechazo al nombramiento ha sido toda una novedad. El rejón de muerte.

Un Rajoy derrotado en dos votaciones de investidura en el Congreso y listo para volver a recurrir a su proverbial dominio de los tiempos para no soltar el poder, se ha encontrado de pronto con que los suyos le han dicho que ya está bien. La de Soria ha sido la gota que ha derramado el vaso.

Futuro complicado

El desgaste que ha sufrido el líder del PP en este lance es enorme, hasta el punto de que no es exagerado decir que el error le complica más aún repetir como presidente. La pregunta sigue siendo la misma: entonces, ¿por qué lo hizo?

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