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Al contrataque

A Soria le han dejado dimitir de nuevo, pero acorralados por el escándalo, no por el remordimiento

El Gobierno ha gestionado el malogrado enchufe de José Manuel Soria en el Banco Mundial como dando por hecho que los ciudadanos somos tontos. No solo por hacerlo público un viernes por la noche, a ver si con un poco de suerte estábamos todos ideando planes con los que sortear los 40 grados. No solo por emitir el comunicado del escándalo dos minutos después del debate de investidura, cuando Rajoy creía que no habría más titular que su derrota, había salido por patas del Congreso y ya no se le podía preguntar. Creo que el Gobierno nos tomó por tontos basándome en su explicación posterior, en la forma de encarar el incendio.

Lo que nos dijeron Rajoy y los cuatro dirigentes que pusieron la disciplina por encima del sentido común es que mandar a Soria a un nuevo paraíso era lo legal, que es un funcionario y que no se le puede impedir trabajar. Lo que nos dijo el líder del PP es que él no sabía nada más que eso, mientras De Guindos, que también sabe, nos intentaba convencer de que la decisión era de una comisión independiente, dependiente del Ministerio de Economía. Nos dijeron que Soria había llegado por concurso; un concurso en el que solo él vino a jugar. Resulta grotesco que intentaran vender el enchufe de Soria como el inevitable porvenir «de un funcionario normal». Si creen que es normal cobrar más de 200.000 euros libres de impuestos, no hay más preguntas, señoría.

A todo esto, María Dolores de Cospedal nos reñía por cuestionar el ascenso a los cielos salariales de un hombre sobre el que no pesa ninguna acusación de corrupción. Muchos enarbolaron tarde y a empujones la bandera de la regeneración y ahora, aturdidos por su propia realidad, creen que lo único que hay que regenerar es el robo. La mentira, la ausencia de explicaciones o las vacaciones fiscales son problemas menores, que a los amigos se les perdonan rezando un padrenuestro. Rajoy ha intentado hacernos ver que el nombramiento de Soria era algo tan inocente, tan poca cosa, que ni siquiera pensó que traería cola. Sin embargo, la dirección del PP, dando por hecho que votantes y militantes lo indultan todo, no ha convencido ni a los propios. Que ya es decir. A Soria le han dejado dimitir de nuevo, pero acorralados por el escándalo, no por el remordimiento.

 
La lógica más elemental

Yo pensaba que, aunque sea con el fin de disimular mientras buscan apoyos para mantenerse en el Gobierno, Rajoy procuraría no cometer estos excesos. Creía que, en la época de mayor exigencia social e interna, entendería que no todos los que cuestionan sus decisiones –ahora que algunos militan en sus filas– son peligrosos para el sistema. Al menos, es lo que dice la lógica más elemental, que se ha impuesto con la renuncia de Soria. Nos lo enseñaron ellos: un plato es un plato y un vaso es un vaso.

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